RÍO DE JANEIRO – Los expertos en salud de Brasil tienen un consejo para los nadadores de maratón, veleristas y atletas de windsurf que competirán en las extensiones marítimas de Río de Janeiro durante las olimpiadas: mantengan la boca cerrada.

 

 

 

A pesar de las promesas gubernamentales hechas hace siete años para acabar con los desperdicios que ensucian la amplia bahía de Guanabara en Río y las encantadoras playas de la ciudad, las autoridades reconocen que sus esfuerzos por tratar las aguas negras y recoger la basura han sido insuficientes.

 

De hecho, los ambientalistas y científicos afirman que las aguas de Río están mucho más contaminadas de lo que se pensaba.

 

Pruebas recientes realizadas por científicos gubernamentales e independientes resultaron en placas de petri repletas de patógenos provenientes de las muestras tomadas en las masas de agua de la ciudad. Se encontraron desde rotavirus —que puede provocar diarrea y vómito—, hasta “superbacterias” resistentes a medicamentos que pueden ser mortales para personas con sistemas inmunológicos débiles.

 

Los investigadores de la Universidad Federal de Río también encontraron una contaminación grave en las playas de las clases altas como Ipanema y Leblon, donde se espera que paseen muchas personas del medio millón de visitantes que se calcula que viajará a los Juegos Olímpicos de Río.

 

“Los atletas extranjeros estarán literalmente nadando en medio de desechos humanos, y corren el riesgo de enfermarse por todos esos microorganismos”, afirmó Daniel Becker, un pediatra carioca que trabaja en barrios pobres. “Es triste pero también preocupante”.

 

Las autoridades gubernamentales y el Comité Olímpico Internacional reconocen que, en muchos sitios, las masas de agua de la ciudad están muy sucias. Sin embargo, sostienen que las zonas donde competirán los atletas (como las cercanas a la Playa Copacabana, donde se llevarán a cabo las carreras de nado) cumplen con los estándares de seguridad de la Organización Mundial de la Salud.

 

Incluso algunos lugares con altos niveles de desechos humanos, como la bahía de Guanabara, solo representan un riesgo mínimo porque los atletas que naveguen o practiquen windsurf tendrán un contacto limitado con la contaminación, añaden.

 

Aun así, los funcionarios admiten que sus esfuerzos no han atacado un problema fundamental: muchas de las aguas negras y la basura generadas por los 12 millones de habitantes de la región siguen fluyendo hacia las masas de aguas de Río.

 

“Nuestra peor plaga, nuestro mayor problema ambiental, es la sanidad básica”, afirma Andrea Correa, la jefa de cuestiones ambientalistas en el estado de Río de Janeiro. “Los Juegos Olímpicos han hecho que la gente se dé cuenta del problema”.

 

Desde hace tiempo los atletas han expresado sus inquietudes sobre las posibles enfermedades provocadas por el agua que pueden frustrar sus sueños olímpicos. Una investigación realizada el año pasado por Associated Press registró la presencia de virus causantes de enfermedades en 1,7 millones de veces el nivel que se consideraría riesgoso en una playa del sur de California.

 

“Solo debemos mantener la boca cerrada cuando el agua salpique”, dijo Afrodite Zegers, de 24 años, miembro del equipo neerlandés de vela, que ha estado practicando en la bahía de Guanabara.

 

Algunos atletas que han visitado la ciudad por los juegos y otras competencias han sucumbido a las enfermedades gastrointestinales, incluyendo a miembros de los equipos de vela de España y Austria. El año pasado durante una competencia de surf, cerca de un cuarto de los participantes tuvo que retirarse debido a náuseas y diarrea, según los organizadores.

 

Los funcionarios luchan contra un conjunto de retos en su camino hacia la ceremonia de inauguración el próximo 5 de agosto. La epidemia causada por el virus de Zika ha reducido la venta de boletos en el extranjero, el crimen se ha disparado y el gobierno federal ha estado paralizado por el proceso de destitución contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

 

El mes pasado, el actual gobernador de Río de Janeiro, Francisco Dornelles, declaró el estado de emergencia, bajo el argumento de que la falta de dinero amenazaba con causar “un colapso total de la seguridad pública, la salud, la educación, el transporte y el manejo ambiental”.

 

En contraste, los organizadores olímpicos afirman que las sedes deportivas están casi listas, y el gobierno federal le ha proporcionado fondos de emergencia al estado. Muchos atletas esperan que los juegos se celebren sin mayores complicaciones.

 

Sin embargo, los contaminados canales fluviales de la ciudad son un asunto aparte.

 

“Es muy desagradable”, dijo Nigel Cochrane, entrenador del equipo femenino de vela de España. “Estamos muy preocupados”.

 

Para muchos, la crisis de las aguas negras es un símbolo de la corrupción y los malos manejos que por mucho tiempo han asolado al país más grande de América Latina.

 

Desde la década de 1990, las autoridades de Río dicen que se han invertido miles de millones de dólares en sistemas de tratamiento de aguas negras, pero pocos funcionan.

 

En su propuesta de 2009 para ganar la sede de los juegos, Brasil se comprometió a gastar 4 mil millones de dólares para limpiar el 80 por ciento de las aguas negras que fluyen hacia la bahía. Al final, el gobierno estatal solo gastó 170 millones de dólares por una crisis de presupuesto, según los funcionarios.

 

La mayor parte del dinero del presupuesto estatal para limpieza se ha gastado en lanchas recolectoras de basura y brocales portátiles para detener el fango y los desechos que fluyen hacia la bahía.

 

Los críticos dicen que son medidas cosméticas.

 

“Pueden tratar de bloquear cosas grandes como sillones y cadáveres pero estos ríos son puro fango, así que las bacterias y los virus pasarán de todos modos”, afirmó Stelberto Soares, un ingeniero municipal que ha pasado tres décadas enfrentando la crisis sanitaria de la ciudad.

 

Soares dijo que le dio risa cuando escuchó que las autoridades prometieron detener el problema de las aguas negras antes de los juegos olímpicos.

 

Un esfuerzo anterior costó miles de millones de dólares y fue financiado por donantes internacionales para instalar 35 plantas de tratamiento de aguas negras, 800 kilómetros de conductos y 85 bombas, comentó el experto. La última vez que Soares hizo una revisión, solo tres bombas y dos plantas de tratamiento todavía funcionaban: el resto estaban abandonadas y, la mayoría, saqueadas.

 

Cuando se le preguntó por las razones de esa problemática levantó las manos y dijo: “En Brasil dicen que las cuestiones sanitarias no generan votos”.

 

Romario Monteiro, de 45 años, es un pescador que ha pasado toda su vida en la bahía de Guanabara y recuerda cuando el agua era cristalina y había muchos peces. Ahora sus redes recogen más basura que peces, incluyendo televisores, perros muertos y, de vez en cuando, algún delfín muerto por comer bolsas de plástico.

 

“Es asqueroso”, dijo Monteiro.

 

El hombre cuenta que ha navegado cerca de cadáveres, incluyendo el de un hombre con las piernas amarradas con una cuerda, que flotaba en el agua el mes pasado.

 

Sin embargo, lo que más le preocupa son las fábricas en la costa que vierten residuos químicos y los tanques de petróleo que tiran su contenido y llenan la superficie del agua con un brillo multicolor.

 

Mientras se alejaba del muelle señaló media docena de tubos que quedan expuestos cuando la marea es baja: esas tuberías arrojan los desechos humanos de los 300.000 residentes de la Isla del Gobernador.

 

“Cuando abres los peces, su interior está negro por el petróleo y el fango”, dijo. “Pero los lavamos con jabón y nos los comemos”.

 

El Instituto Ambiental del Estado hace pruebas de los niveles de bacterias en las masas de agua de la ciudad y los publica en internet como una gráfica con códigos de colores. Muchas de las playas más vistosas constantemente se califican como “inadecuadas” para la actividad humana.

 

Eso incluye a Playa de Flamengo, la caleta a un lado de la bahía donde se realizarán las competencias olímpicas de regata, y las playas icónicas frente a algunos de los vecindarios más exclusivos de Río.

 

Los habitantes todavía se amontonan en las playas los fines de semana pero Renata Picao, una microbióloga de la Universidad Federal de Río se ha negado a poner un pie dentro de las playas desde que empezó a tomar muestras de agua hace tres años.

 

Picao ha documentado la presencia de altos niveles de microbios resistentes a medicamentos en cinco de las playas más conocidas de la ciudad. La Fundación Oswaldo Cruz, un laboratorio manejado por el gobierno, encontró superbacterias en la laguna Rodrigo de Freitas, una masa de agua rodeada de lujosos condominios.

 

Dijo que los agentes patógenos potencialmente mortales para personas con sistemas inmunológicos débiles, probablemente vienen de hospitales locales que vierten sus desechos sin tratar. Aunque las superbacterias no representan un riesgo para la gente sana, los organismos pueden permanecer en el cuerpo durante años y causar estragos si la persona se enferma por otra causa.

 

Picao y otros expertos en salud dicen que, a diferencia de los habitantes, quienes han estado expuestos repetidamente a los patógenos provenientes de las aguas negras, es más probable que los visitantes extranjeros se enfermen después del contacto con el agua contaminada.

 

No se siente optimista respecto a los futuros esfuerzos sanitarios. “Si no pudieron limpiar para los juegos, lo que era una oportunidad única en la vida, me temo que nunca sucederá”, concluyó.

 

The New York Times