No ha existido un país donde la búsqueda de sus desaparecidos y el ajuste con los pendientes históricos o con los crímenes de las dictaduras militares hayan tenido más profundidad, organización y soporte que Argentina durante el gobierno de los Kirchner

 

El jueves pasado en Lima, Perú pude presenciar cómo es la percepción y la contemplación que otros pueblos latinoamericanos tienen de México a través de nuestro Presidente.

 

Cuando Enrique Peña Nieto visitó el Congreso peruano para asistir a la toma de posesión de Pedro Pablo Kuczynski, fue -junto con el jefe de Estado de Argentina, Mauricio Macri- el Presidente revelación y en el que se concentraron la mayor parte de los reflectores.

 

Y no era para menos, dada la importancia de México en términos absolutos por nuestro número de habitantes, por la relevancia de nuestra economía y por el papel que tuvo en algún momento de la historia como líder en América Latina.

 

Sin embargo, eso contrastó con el recibimiento que tuvo en Argentina al realizar una visita de Estado.

 

Aunque en ese contexto, lo que no se debe olvidar es que México fue tierra de asilo para todos aquellos que tuvieron que marcharse por la fuerza de las dictaduras militares que gobernaban en Argentina y Chile. Lo que trajo en consecuencia un mundo de intereses absolutamente vinculado entre las comunidades mexicanas en Argentina.

 

Y es que, no ha existido un país donde la búsqueda de sus desaparecidos y el ajuste con los pendientes históricos o con los crímenes de las dictaduras militares hayan tenido más profundidad, organización y soporte que Argentina durante el gobierno de los Kirchner.

 

En ese sentido, lo más importante no son las manifestaciones per se, sino todas las organizaciones dedicadas a la búsqueda de los desaparecidos y a la lucha por los derechos humanos. Organizaciones que naturalmente en muchos de los casos tienen diversos intereses y aplicaciones, permaneciendo activas mediante una actuación que ha resultado totalmente inédita.

 

Si bien han existido otras manifestaciones en diferentes países contra la gestión del jefe de Estado mexicano, lo que distinguió a las manifestaciones de Buenos Aires fue la forma en la que se dirigieron hacia casos muy concretos, poniendo de manifiesto nuestro fracaso como país en la defensa de los derechos humanos y en el desarrollo de una política efectiva, eficiente y justa en el tema de los desaparecidos.

 

Me temo que lo que ocurrió en Argentina será sólo el comienzo de una serie de acciones encadenadas. Porque después de tantos años y de manera incomprensible, considerando que al final del día la mayor cantidad de desaparecidos vienen del sexenio de Calderón, ahora sí todas estas organizaciones tienen a México en el foco rojo de sus agendas evidenciando aún más -tanto al interior como al exterior del país- que tenemos un grave problema en esa materia.