El Gobierno de Michoacán atribuye los asesinatos al edil de Álvaro Obregón, un caso en que las autoridades habrían fungido de criminales, como antes en Tierra Blanca o Iguala

 

 

 

Las autoridades del Estado de Michoacán, en la costa del Pacífico mexicano, han detenido a un alcalde a quien acusan de ordenar el asesinato de diez personas y luego la quema de sus cuerpos. Se trata de Juan Carlos Arreygue, edil del municipio de Álvaro Obregón, que linda con Morelia, la capital del estado. Según las autoridades de Michoacán, Arreygue presenció incluso la masacre. El gobernador, Silvano Aureoles, ha dicho en el programa de radio Atando Cabos que “existía una rivalidad histórica entre el alcalde y el líder que comandaba esta célula de narcomenudistas –se refiere a los muertos–, de nombre alias El Güicho”.

 

De confirmarse, cosa probable a decir por las declaraciones de Aureoles, el caso de Arreygue integraría un nuevo capítulo en la historia de autoridades corruptas y consecuencias nefastas que México sufre desde hace décadas. La desaparición de cinco jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz, a manos de policías estatales y la de 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, son los casos más recientes.

 

Tras la desaparición de los 43 en septiembre de 2014, las autoridades federales señalaron enseguida al alcalde de Iguala, José Luis Abarca. Las primeras versiones de lo ocurrido apuntaban que la policía de Iguala había secuestrado a los 43 en colaboración con una banda delictiva; que la orden la había dado Abarca, ya que aquella noche su mujer daba un mitin en el pueblo y temía que los estudiantes lo reventaran.

 

Abarca había ganado la alcaldía con el Partido de la Revolución Democrática, el PRD, a mediados de 2012. Tras la noche de Iguala, el alcalde huyó. El Gobierno federal libró una cacería para encontrarle y mientras tanto, medio país se preguntaba cómo era posible que un personaje como Abarca hubiera alcanzado una alcaldía; como era posible que el PRD lo hubiera permitido.

 

existía una rivalidad histórica entre el alcalde y el líder que comandaba esta célula de narcomenudistas –se refiere a los muertos–, de nombre alias El Güicho.

SILVANO AUREOLES, GOBERNADOR DE MICHOACÁN

Para evitar situaciones parecidas, el partido decidió endurecer los filtros para sus candidatos en las elecciones del año siguiente, en junio de 2015. Varios estados elegían alcaldes y gobernadores y Michoacán, que aún sufría los estragos de una crisis de seguridad, derivada de las peleas entre bandas de criminales y grupos de autodefensa que surgieron para combatirlas, no fue una excepción.

 

En el municipio de Álvaro Obregón, que linda con la capital, Morelia, el candidato iba a ser Juan Carlos Arreygue, un empresario ganadero aficionado a la charrería. Tras lo de Iguala, el PRD pidió información del candidato a la Procuraduría General de la República y al Cisen, los servicios de inteligencia mexicanos. Arreygue, contestaron, no tenía antecedentes, pero sí vínculos con personajes de la delincuencia organizada. El PRD decidió que no lanzaría a Arreygue de candidato. De los 113 que lanzaría el PRD, sólo se cayó él.

 

Arreygue buscó entonces refugio en el Partido del Trabajo, el PT. Su presidente en Michoacán, Reginaldo Sandoval, ha explicado en la radio este martes que el PRD no les compartió la información del Cisen.

 

En cualquier caso, Juan Carlos Arreygue ganó la elección de Álvaro Obregón por más de mil votos de diferencia con el segundo, la alianza entre el PRI y el Partido Verde. El PRD se desfondó. En un municipio en el que votaron dos tercios de las 10.500 vecinos registrados, el partido tradicional de la izquierda en México apenas superaba los 1.000 sufragios.

 

Arreygue se convertía en el mandatario de uno de los municipios que colindan con Morelia, además de Tarímbaro y Cuitzeo, donde encontraron los cuerpos el sábado. El aeropuerto de la ciudad está allí y Pemex, la empresa pública de hidrocarburos, tiene grandes intereses en la zona. De hecho, cuando la procuraduría estatal informó del hallazgo el sábado, mencionó que quizá se trataba de un problema por el robo de combustible.

 

Se ignora, de momento, el móvil concreto de los asesinatos. Al margen de la rencilla histórica entre Arreygue y El Güicho que menciona Aureoles, no ha trascendido de momento el motivo de los asesinatos, de la saña, de que el alcalde incluso presenciara todo aquello.

 

 

 

El País