Resulta muy difícil lograr que las leyes se cumplan en un país que considera como un crimen más gravoso el hecho de romper una uña que pisotear una Constitución

 

En el mundo es bien sabido que el dinero no es valiente. Sin embargo, existen algunos representantes del dinero que sí lo son.

 

Y es que ahora entre todos los cambios a los que hemos estado sometidos en este preámbulo del 2018, no dejan de sorprendernos las reacciones en cadena —en un momento oportuno y con unos destinatarios muy concretos— de los empresarios mexicanos.

 

Los mismos que vivieron aquel momento en el que no pudimos tener —y al parecer no lo tendremos en los próximos años— un nuevo aeropuerto, porque simplemente el gobierno de entonces, el de Vicente Fox y Santiago Creel —secretario de Gobernación en aquel tiempo— se asustó frente a los machetes de San Salvador Atenco.

 

Sin duda, vivimos en una terrible bipolaridad. Porque como ciudadanos queremos que las leyes se cumplan, pero por otra parte, con el complejo de culpa de hijos de la dictadura perfecta, nos causa terror que se proceda, aunque sea con un simple rasguño, en contra de todo aquel que violente la ley.

 

En ese sentido, resulta muy difícil lograr que las leyes se cumplan en un país que considera como un crimen más gravoso el hecho de romper una uña que pisotear una Constitución.

 

Por eso en este momento la reacción de los empresarios del país con la que decidieron disparar todos a la vez sobre un mismo objetivo dice mucho y lo valoro, porque si los representantes sociales están vivos, entonces el país también lo está.

 

Aunque lo único que quisiera saber es por qué decidieron reaccionar hasta ahora y no lo hicieron antes, y por qué todo esto coincide justo con el momento en el que la economía se ve obligada a presenciar el incremento en los precios de la gasolina, de la electricidad y del sentimiento de culpa de la coyuntura internacional porque una vez más las cuentas no salen.

 

Pero mientras tanto ya tenemos un culpable, alguien a quién atacar y un tiro que disparar. Y es que, hasta el propio Enrique Peña Nieto figura en la demanda que interpusieron los empresarios de nuestro país por omisiones del gobierno federal ante los actos de la CNTE.

 

Y en estricto sentido tienen razón, ya que cuando se produce un bloqueo y se pierden miles de millones de pesos porque hay un sindicato o una fuerza de intereses por encima de la ley, sencillamente perdemos todos.

 

Ahora, mi única pregunta es: ¿cómo podremos alcanzar un equilibrio con esa demanda que exige el cumplimiento de las leyes, sin que nadie resulte herido, cuando los primeros en infringirlas han sido aquellos que secuestraron las vías públicas y hasta el derecho a la existencia en nombre de una reforma que nunca quisieron aceptar?