El PAÍS

Fueron 80 en Pekín en 2008 y diez menos en Londres 2012, pero a la inauguración de los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica solo tenían previsto acudir 36 altos dignatarios internacionales, entre ellos menos de 20 jefes de Estado.

El presidente en funciones de Brasil, Michel Temer, les ha ofrecido una recepción antes de asistir a la ceremonia de apertura. Luego, al llegar al estadio del Maracaná no ha sido presentado, según los medios brasileños por temor a que fuera abucheado por quienes no aceptan la deposición temporal de Dilma Rousseff.

Entre los asistentes a Rio se encuentran los presidentes europeos François Hollande, que ha acudido a para apoyar la candidatura de París a los Juegos de 2024, el italiano Matteo Renzi como representante de la candidatura de Roma y su homólogo húngaro, János Áder, en apoyo de la de Budapest.

En representación de Estados Unidos asiste el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, que respalda la candidatura de Los Ángeles, que ya acogió las ediciones olímpicas de 1932 y 1984. De los países suramericanos, solo han asistido los presidentes de Argentina, Mauricio Macri, y de Paraguay, Horacio Cartes, según la lista suministrada por la cancillería brasileña.

El Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño ha descartado que el bajo número de altas autoridades asistentes esté relacionado con la difícil situación política de la presidencia brasileña, interina.

Los dignatarios se han trasladado tras la recepción unos tres kilómetros hasta llegar al estadio de Maracaná, reconvertido en recinto olímpico. La sede y sus alrededores están vigilados por 10.000 policías y militares. Al estadio han asistido más de 50.000 espectadores, a los que se suman 20.000 atletas, voluntarios y periodistas. Se han observando grandes vacíos en las gradas.

A la ceremonia no ha asistido la expresidenta Dilma Rousseff, suspendida de sus funciones presidenciales desde el pasado 12 de mayo. “Me quedo triste por no poder asistir a la fiesta ‘en directo’, pero estaré acompañándoos, animando por Brasil”, ha declarado en su cuenta oficial en Twitter. Tampoco ha asistido su antecesor en el cargo, Luiz Inácio Lula da Silva, en el poder cuando se concedió la sede a Río, en 2009, ni otros exjefes de Estado.