La artesana Anastasia López Martínez aprovecha la luz del día para elaborar cortinas, tapetes, collares de caracoles, entre otras manualidades, en el patio de su casa. Un conflicto de límites territoriales entre Santa María del Mar y San Mateo del Mar, derivó en la falta de energía eléctrica en la primera comunidadFoto Diana Manzo

Juchitán, Oax.- Anastasia López Martínez, artesana ikoots (huaves) de Santa María del Mar, improvisó en su patio un taller de cortinas de caracoles, único en el istmo de Tehuantepec. Aquí teje mucho, antes de que oscurezca, pues en su comunidad no hay electricidad desde hace 576 días y las artesanías son su único sustento.

 

La falta de luz fue provocado por un conflicto de límites territoriales con sus vecinos de San Mateo del Mar, en 2009, quienes primero les cerraron el único camino de terracería para salir de su comunidad, y después “les cortaron la luz”.

 

En Santa María también faltan caminos, agua potable, drenaje, pavimentación. En el centro de salud y las pocas escuelas el servicio es de media calidad. Los profesores y médicos no llegan cuando el viento sopla fuerte, pues se suspende el servicio de lanchas.

 

Para entrar o salir los pobladores viajan en lanchas, sin salvavidas y sin saber nadar. Primero toman un camión de carga como colectivo que los lleva a la orilla del mar; ahí las lanchas los llevan a la cabecera municipal, o a San Dionisio del Mar, para después trasladarse a otros lugares por tierra.

 

“Viajamos poco porque a veces el viento sopla fuerte y corremos el riesgo de caer al agua, el otro problema es el económico. Somos humildes y para viajar gastamos entre 150 y 200 pesos por persona”, comenta Anastasia.

 

La planta funciona unas horas

 

En Santa María del Mar hay unos mil habitantes, entre adultos y niños. Para tener luz, cada familia coopera con 30 pesos cada 20 días para comprar diésel y abastecer la planta que genera electricidad por algunas horas.

 

“Sólo de 7 a 10 de la noche, o de 6 a 9, funciona la planta. Tenemos prohibido conectar planchas y lavadoras, sólo lámparas. Los estudiantes deben apurarse en sus tareas, no hay de otra, así le hemos hecho este año”, expresa.

 

La necesidad de sobrevivir hizo que Anastasia formara el grupo de artesanas hace unos 20 años, y entre todas aprender la elaboración de las cortinas de caracoles, los cuales son extraídos de la barra de la laguna superior en esta comunidad.

 

“Con mis hijos también crecieron los gastos, por eso organicé a un grupo de mujeres”, algunas persistieron, otras “nomás se rieron; “de esto hemos comido en estos años, pues las autoridades nos abandonaron”, refiere.

 

Para iniciar su proyecto solicitaron un préstamo al Fondo Nacional de Apoyo para las Empresas de Solidaridad (Fonaes), organismo que las ha apoyado para exponer sus artesanías en diversas entidades de México.

 

“Lo pedimos entre las 15 y pusimos de avales a nuestros esposos. Fonaes nos entregó el recurso, compramos los caracoles, los hilos de nylon y los bastidores de madera; tejemos tapetes con figuras como delfines, dinosaurios o lo que el cliente pida”, explica.

 

Sus artesanías han sido expuestas en Acapulco, Guerrero, la Ciudad de México, en la capital del estado, el puerto de Veracruz y en la región del istmo.

 

Sus mejores clientes, antes del conflicto de límites, fueron los trabajadores de la refinería Antonio Dovalí Jaime de Petróleos Mexicanos, en Salina Cruz, quienes “compraban muchas cortinas y artesanías de caracol”, recuerda.

 

Para elaborar las cortinas, primero lavan los caracoles crudos que compra a 15 pesos el kilo, después los entierra un mes en la tierra, posteriormente los saca y los vuelve a limpiar, se secan al sol y los guarda en un saco.

 

Los tapetes los venden entre 200 y mil 500 pesos, según el tamaño y el diseño; también elaboran aretes, collares, pulseras, floreros y portalápices, todo a mano y con los caracoles de mar.

 

“Somos las únicas en el Istmo que realizamos este arte con el caracol, los diseños son únicos y ninguno es igual, cambiamos los colores, les ponemos blanco, amarillo, negro y verde, el cliente decide la forma y nosotros le damos el toque final”, subraya.

 

Les dan paneles solares incompletos

 

El agente municipal de Santa María del Mar, Alberto Ruiz Martínez, señala que la pobreza y discriminación llegan de los tres niveles de gobierno, pues ninguna autoridad ha querido poner solución al conflicto con sus vecinos.

 

A mediados de junio pasado, el alcalde de Juchitán, Saúl Vicente los visitó para entregarles paneles solares, los cuales a la fecha no ha sido instalados, pues están incompletos.

 

“Aquí vivimos unas 300 familias y sólo dieron 150 paneles, pero sin lámparas”, comenta.

 

El problema de la electricidad crece, dice, pues los productos perecederos no duran y se descomponen rápido. Hace un año la Comisión Federal de Electricidad se comprometió a rehabilitar la energía; pero hasta la fecha sólo han sido promesas.

La Jorna / Diana Manzo