A la hora de la verdad será conveniente no olvidar que en el mundo el bipartidismo está en crisis y en México nunca cuajó

 

En gran parte del mundo, empezando por la llorosa y nostálgica España, el bipartidismo se encuentra en un proceso de crisis o sencillamente ha muerto.

 

Inclusive en los Estados Unidos de América ha surgido un tercer partido en el que ahora milita Bernie Sanders, Donald Trump y todos aquellos que están hasta la madre de que en nombre del bipartidismo las cosas no funcionen, permitiendo además que unos cuántos puedan robar inclusive con garantías.

 

En ese contexto, sorprende que en nuestro país —el que tantas veces llega tarde y donde nunca pasa nada— ahora se quiera apostar por un modelo político en el que si el PRI pierde, el PAN gane.

 

Y es que, ya hay un intento de reinventar el bipartidismo en México en medio de una serie de aspectos importantes que convendría no ignorar.

 

Primero, la extracción social priista conecta más con Morena o con el PRD que con el PAN.

 

Segundo, el PAN conecta con esa vieja aspiración de algunos líderes intelectuales de estar muy contentos de ser mexicanos sólo en Alemania.

 

Y, tercero, la realidad social se ha fracturado de tal manera que hoy el pacto federal ya no puede ocultar por más tiempo las diferencias de expresión, de intereses, de fracasos y de alegrías que tiene el país en su verdadera composición sociológica estado por estado.

 

En ese sentido, la apuesta de que el PAN le suceda al PRI para seguir llevando la situación en paz resulta suicida.

 

Para empezar, porque en los últimos años la elección ha sido a tres bandas en dónde comúnmente se nos olvida que en la tercera no sólo ha estado el PRD. Ya que también han estado los pequeños partidos que representan los intereses gremiales, como el partido turquesa; o de duros intereses, así sea en el puro billete en nombre del mejor aire para respirar, como es el caso del Verde; o de otros partidos intermediarios de la política, como Movimiento Ciudadano.

 

Por eso, querer apostar y meterle billete a la intención de que la estabilidad se logre inventándose otro Fox, ahora más leído y con un corte de cabello que se parece más al de aquellos jóvenes alemanes que no dejaban de proclamar que el mañana les pertenecía, que al de un joven mexicano que representa los nuevos aires del siglo XXI; puede ser una operación de laboratorio bien pensada. Sin embargo, a la hora de la verdad será conveniente no olvidar que en el mundo el bipartidismo está en crisis y en México nunca cuajó.