Desde finales de 2015 el gobierno federal anunció que se crearían las Zonas Económicas Especiales (ZEE). Hoy ya existe la figura jurídica de las ZEE, lo cual tiene el potencial de ser benéfico para Oaxaca: si se hacen bien las cosas desde el ejecutivo federal, por un lado, y si Oaxaca actúa inteligentemente y con visión por el otro.

 

El propósito de las ZEE es atraer inversiones a través de incentivos económicos a regiones específicamente determinadas que han sido incapaces de desarrollar industrias. La justificación, entonces, es la reducción de la desigualdad regional en el país. Es por eso que la ley dicta que tales ZEE se ubiquen en las diez entidades con mayor rezago. Además, dentro de estas entidades, la locación especifica de las ZEE no se determina al azar, sino que son sitios que además de tener poco desarrollo industrial también son identificados como sitios ‘con ventajas naturales y logísticas’. Es decir, se escogen sitios que cuenten con alguna ventaja comparativa.

 

Hasta aquí está bien. No se debe (aunque se podría) culpar del todo al gobierno federal por escoger sitios con ciertas ventajas geográficas y logísticas para establecer estímulos fiscales e incentivos económicos. Sin embargo, sería un error seguir basando toda la política industrial que se derive de las ZEE únicamente en ventajas comparativas. Explico.

 

Oaxaca (y otras entidades rezagadas) no cuentan, por supuesto, con la infraestructura indefectible para que florezcan industrias complejas, ni con el capital humano necesario para operar tales industrias, ni con las instituciones públicas adecuadas para administrar y regular estas industrias que, repito, tengan un valor agregado. Esto lo sabemos. Entonces ¿qué queda? Pues industrias de bajo valor agregado e incluso industrias extractivas. Éstas aprovecharían tanto los incentivos creados por las ZEE como los bajos salarios que se podrían pagar en Oaxaca a comparación de otras entidades (otra ventaja comparativa que aprovechar).

 

Tomar este camino llevaría a Oaxaca a perpetuar su subdesarrollo (1)  e incluso tiene el potencial de sumar a los conflictos políticos y sociales de Oaxaca. Toda política industrial conlleva la creación de rentas y reajustes políticos y económicos que por sí solos traen conflicto (desde China y Asia del Este en los 70s y 80s, hasta la industria alimentaria hoy en día en Africa); es por eso que el establecer industrias de bajo valor agregado sería pagar el costo de la creación y distribución de nuevas rentas sin que éstas sean productivas y sin que produzcan efectos secundarios positivos para el desarrollo integral de la región. (Esto para los que argumentarían que es mejor algo que nada; para los que aún no se percatan del conflicto social que ha causado la política de desarrollo económico basada en el ‘goteo hacia abajo’).

 

Es por eso que no podemos adoptar una política de desarrollo que se acople a las ventajas comparativas de Oaxaca, las tenemos que desafiar.

 

Empezando con infraestructura. El gobierno federal aún no ha revelado los niveles de inversión pública que destinará a las ZEE, pero si no hay un programa de inversión en infraestructura exhaustivo por parte del gobierno federal (y del gobierno del estado) estamos casi destinados al panorama que describo arriba. Si queremos converger con el resto del país en términos de desarrollo económico y social, se le debe de dar este big push a Oaxaca en forma de infraestructura para que se establezcan industrias competitivas.

 

Si algo tienen en común varias de las experiencias exitosas de ZEE en diferentes partes del mundo es que lograron concentrar capital humano. Al final de la década de los 70s, las ZEE creadas en ShenZhen, Zhuhai y Shatou se volvieron centros de conocimiento con niveles de concentración de capital humano muy altos (2). Nuevamente, para aspirar a estos resultados, se requiere de una enorme inversión en capital humano; en el caso Chino, tal inversión en capital humano en esas regiones representó más del 5% del PIB. Curiosamente, aunque es sabido que Oaxaca no destaca de ninguna forma en índices de educación, sí hay destellos de buenas noticias. El Sistema de Universidades Estatales de Oaxaca (SUNEO) ha graduado a un gran número de ingenieros y científicos altamente calificados en los últimos 15-20 años. Gran parte del éxito de estas universidades ha sido la poca incidencia del gobierno del estado y el liderazgo del Dr. Modesto Seara. Quizá por primera vez se podrá emplear a tantos ingenieros en industrias establecidas en Oaxaca. El cluster de capital humano no tendría que empezar de ceros, y debe ser el gobierno del estado quien más invierta tanto en las universidades ya existentes, como en nuevos centros de investigación.

 

Por último: las instituciones públicas de Oaxaca. Con la creación de las ZEE se asume una importante intervención del gobierno federal en la política de desarrollo del país y de Oaxaca en particular. Sin embargo, es imperativo que el gobierno de Oaxaca desarrolle e implemente su propio plan de desarrollo, y que éste no sea una mera extensión del plan federal. Es el plan de desarrollo local el que debe de virar y convencer al gobierno federal de que las ZEE deben de resultar en la creación de industrias de alto valor agregado, sólo así se cumplirá el objetivo esencial de éstas: contribuir a reducir la desigualdad regional en México (3). Es por medio del plan local de desarrollo que se puede evitar que se pierda la gran oportunidad que el país le está dando a Oaxaca. El panorama es alarmante, ya que nuestras instituciones públicas no son las más competentes. Se debe de empezar a tomar en serio la política de desarrollo en Oaxaca. En particular, el COPLADE debe de dejar de ser una institución que sólo publica documentos descriptivos del plan de desarrollo del estado, es en el COPLADE donde se deben de dictar y reinventar los términos de la política de desarrollo de Oaxaca. De igual forma se debe prestar importante atención al tipo de funcionarios públicos a los que se les asignan las secretarías de desarrollo económico y desarrollo social del estado, con los que hemos tenido no se puede aspirar ni a una porción de lo que se plantea en este artículo. Pero bueno, quizá esto último esté de más mencionarlo.

 

Lo vuelvo a repetir con toda la intención de ser redundante, la ley de ZEE tiene el potencial para ser benéfico para Oaxaca, pero el gobierno del estado tendrá que ser lo que nunca ha sido: visionario y competente.

 

 

Citas:

1 Chang, H., Lin, J. (2009) DPR Debate

2 Rojas, L. (2016) Ley de Zonas Económicas Especiales: privilegios sin desarrollo social. En horizontal.mx

3 Esquivel, G. (2015). Las Zonas Económicas Especiales. El Universal