El olímpico silencio

El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se equivoca cuando guarda un pasmoso y absurdo silencio frente al escándalo Alfredo Castillo y su indigno desempeño en los Juegos Olímpicos Brasil 2016

El director de la Comisión Nacional del Deporte (Conade) ya dio suficientes muestras de su ineptitud, de su soberbia y de sus desplantes de junior, que se blinda en la amistad presidencial para decirle al mundo que él es intocable.

 

Tal parece que los asesores de imagen del inquilino de Los Pinos no aprendieron de aquella experiencia en la que otro “mirrey” de la política mexicana, el inefable David Korenfeld, que como director de Conagua utilizó en 2015 el helicóptero de la dependencia para traslados personales y familiares.

 

Diez días duró el escándalo del helicóptero de Korenfeld sin que Los Pinos pudiera hacer nada para evitar la debacle. El funcionario presentó su renuncia en medio de un enorme descrédito, tanto para él como para la administración Peña Nieto.

 

El control de daños se pudo hacer si de inmediato se le destituye. Pero dejaron correr los días, pensando que aquel temporal pasaría, y lo único que afloró fueron 15 viajes familiares más, que confirmaron el uso indebido del helicóptero.

 

En el caso de Alfredo Castillo parece no ser suficiente el hecho de que México estuvo a punto de repetir algo que no sucedía desde hace 88 años, cuando en la olimpíada de Amsterdam 1928 no logramos ni una medalla.

 

El llevarse a su novia en turno —¿boleto y hotel pagado con nuestros impuestos?— vestirse con el uniforme oficial y hacer el papelito de “Ministro del Deporte” que se la faja en público es descrédito suficiente para cesarlo.

 

Pero quienes aconsejan al presidente Peña Nieto vuelven a la apuesta de esperar a que el tiempo lo borre todo. Craso error.

 

Más aún cuando el mandatario registra los niveles de popularidad más bajos en la historia de un jefe de Estado mexicano y el momento exige acciones que devuelvan la credibilidad perdida.

 

Sobre todo cuando se gastaron millones y millones en difundir que se promulgaba una Ley Anticorrupción que está que ni mandada a hacer para estrenarla con el olímpico affaire de Castillo.

 

Pero si los asesores de la imagen presidencial se resisten a confrontar al director de la Conade, no tengan duda que desde el Poder Legislativo se gesta ya el golpe.

 

Con la diferencia de que ese sacudimiento será a fuego lento, deshojando la margarita despacio para que el escándalo de las cuentas de la Conade, los gastos de su titular y la debacle de Brasil 2016 se arrastre por semanas en los medios y en las redes.

 

Y cada día que pase, con más y mejores revelaciones sobre las travesuras de Mirrey Castillo, será en perjuicio para la debilitada casa presidencial.

 

¿Alguien se atreverá a aconsejarle al presidente Peña Nieto cortar el escándalo olímpico por lo sano? ¿O lo obligarán seis meses después a salir a pedir otro perdón?

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