Secuestradores detenidos; éxito de la PF y la UECS

Uno de los peores delitos de lesa humanidad es, indiscutiblemente, el secuestro por implicar un golpe terriblemente demoledor a la víctima, además de por su efecto multiplicador en lo personal y familiarmente.

 

 

Es un golpe que devasta por completo, física y emocionalmente a la víctima y a su familia, por la permanente angustia existencial sobre el futuro más inmediato, acerca de si se vivirá o morirá en cualquier momento.

De ahí la importancia trascendental sobre el combate eficaz a este grave delito. La trascendencia cobra cada día mayor importancia, debido al inocultable crecimiento exponencial del mismo a nivel nacional y local.

En medio de la avalancha informativa de la revuelta magisterial, prácticamente se perdió la información en los medios impresos, electrónicos y digitales, sobre la detención de una banda de secuestradores en Oaxaca.

La oportuna intervención de la División de Investigaciones de la Policía Federal y de la Unidad Especializada de Combate al Secuestro (UECS) de Oaxaca permitió rescatar a una adolescente y a una empresaria secuestradas.

Ello ocurrió a 19 días de la privación ilegal de la libertad de una joven menor de edad -hija de empresarios en la ciudad de Oaxaca-, y a 10 de la privación de una segunda víctima, también femenina, mayor de edad y de ocupación empresaria.

Justo y merecido es reconocer el éxito del operativo conjunto de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), en el marco de la Estrategia Nacional Antisecuestro. El positivo resultado prueba que no hay crimen perfecto.

Y no lo hay porque los delitos son resultado de conductas humanas y los seres humanos son falibles y limitados, por tanto, falibles; además que siempre alguien vio u oyó algo, lo que representa la hebra para desenredar la madeja.

Las más de las veces algunos delitos no se aclaran ni se logra identificar a los autores intelectuales y materiales por falta de voluntad política de los servidores públicos, obligados a combatir dichos delitos.

En otros casos, los delitos no se consiguen aclarar porque, de manera más que lamentable y dolorosa, algunos elementos policíacos se llegan hacer cómplices de los delincuentes comunes, organizados o del narcotráfico.

Indispensable es reconocer el trabas realizado por los elementos de la División de Investigación de la Policía Federal en coordinación con personal de la Unidad Especializada de Combate al Secuestro (UECS) de Oaxaca.

Los integrantes de ésta última forman parte de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), que dirige Jaciel Vásquez Castro, dependiente de la Fiscalía General del Estado. Vaya, pues, nuestro reconocimiento a los comandantes y policías federales y estatales.

En un acto de estricta justicia, obligado es reconocer el positivo esfuerzo del titular de la Comisión Nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, y del Fiscal General de Oaxaca, Héctor Joaquín Carrillo Ruiz. ¡Enhorabuena!

El rescate de las dos secuestradas prueba de manera fehaciente que la respetuosa coordinación de acciones de las diversas corporaciones policíacas en el ámbito de sus competencias, sin egoísmo ni protagonismo, da resultados positivos.

El asunto de ninguna manera es menor, en virtud que en el país en general y de manera particular en Oaxaca ha habido sonados casos de secuestros que han involucrado a maestros de la Sección XXII de la CNTE.

Hoy, como desde la captura de la banda de maestros secuestradores, su liberación de penales federales sigue siendo una de las principales demandas de la Sección XXII de la CNTE, a pesar de ser un delito de lesa humanidad y más al tratarse del secuestro de niños.

 

Indispensable es cobrar mayor conciencia ciudadana para colaborar con las diversas corporaciones policíacas para coadyuvar a combatir el condenable delito de secuestro, que dicho sea de paso es una obligación legal de todo mexicano.

Pueblo y gobierno tenemos, claro, que recuperar antes la confianza en las autoridades para romper la creciente desconfianza y pérdida de credibilidad en los diversos órdenes de gobierno, de lo contrario, será imposible hacerlo.

Una acción a realizar por ambas partes para conseguirlo, es combatir a fondo la creciente corrupción que alcanza cotas verdaderamente escandalosas, así como la impunidad, no permitiendo que los delitos queden sin castigo.

No es tarea fácil ni sencilla alcanzar esta ambiciosa meta, ciertamente, pero tampoco imposible, siempre y cuando, pueblo y gobierno, entiendan que tienen que hacerlo por simple supervivencia, toda vez que tras la anarquía sobrevendrá el caos total.

Nunca debemos perder de vista que los extremos finalmente terminan por tocarse y que diversos actores políticos ultra izquierdistas apuestan a estallar “la primera revolución del Siglo XXI”, y al crimen organizado también interesa destruir al Estado mexicano.

A la vista de todos están las dictaduras en las que han terminado las revoluciones comunistas desde la primera surgida en Rusia en 1917 y la posterior desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Ahí está la propia Revolución Cultural China, que asesinó alrededor de 40 millones de personas y que revela la incongruencia de los comunistas, pues mientras su régimen de gobierno es totalitario, económicamente se echó en brazos del capitalismo.

Ahí está la demencial dictadura de Kim Jong-Un en Corea del Norte que asesina a sus deportistas como teme ocurra al pesista Om Yun-Chol, por no ganar medallas de oro en las Olimpíadas de Río2016.

Y en América Latina, ahí están las dictaduras comunistas de Nicolás Maduro en Venezuela y de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Ollanta Humala Tasso en Perú y Daniel Ortega en Nicaragua. Sólo los ‘idiotas útiles’ y los ‘compañeros de viaje’, no ven esta realidad.

 

alfredo_daguilar@hotmail.com

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@efektoaguila

 

 

 

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