Sendero

La comunidad zapoteca de Santa Ana del Valle, Tlacolula, despidió hace nueve días con todos los honores a don Laureano Sánchez Martínez, quien en su vida alcanzó el reconocimiento de instituciones culturales y educativas de Oaxaca y del país, sobre todo de la gente del pueblo que lo elevó a la categoría de hacedor de penachos y tapetes de lana originales, a cuyas artes imprimió su ingenio, pasión y encanto.

 

En junio pasado llegó a la edad de 90 años e hizo todavía un hermoso tapete con diseño especial propio: un elefante, como queriendo dejar un mensaje de la grandeza humana para compartir su saber con los demás.

 

En la explanada municipal o el lugar mejor conocido como La Plaza de la Danza, donde él empezó a bailar desde 1950, su pueblo y los danzantes de la Pluma de comunidades aledañas hicieron una pausa dentro de la fiesta patronal y le tributaron un homenaje de cuerpo presente, con una banda de música regional y unos niños que vinieron de Los Ángeles, California, a concluir una promesa de tres años durante la fiesta patronal.

El domingo 7 del mes en curso tuvo lugar en Santa Ana del Valle la celebración del 160 aniversario de la Danza de la Pluma con la participación de grupos artísticos invitados de San Raymundo Jalpan, Cuilapam de Guerrero, Teotitlán del Valle, San Jerónimo Tlacochahuaya, San Mateo Macuilxóchitl y los dos de la comunidad anfitriona, el de los jóvenes y de los niños.

Ya no le tocó presenciar este encuentro maravilloso de danzas a don Laureano, el cual esperaba con tanta alegría, pues entregó a esta tradición popular parte de su vida, sus facultades creativas, elaborando con sus manos de campesino centenares de penachos multicolores que utilizaron y siguen usando generaciones de danzantes o bien están en museos y casas particulares.

Al no poder adquirir su propio penacho en 1950 debido a carencias económicas en la familia, le vino la idea de hacer el suyo con sus propias manos y se esmeró en hacerlo lo mejor posible con todos los detalles que llevan estos tocados. Al paso de los años se convirtió en un maestro en la manufactura de los penachos, alcanzando el reconocimiento como creador o hacedor en este oficio, e impartió talleres y pláticas en centros educativos y en la comunidad.

La última generación de danzantes de la Pluma de Santa Ana bailó con penachos hechos por don Laureano y el promotor de esta danza en Los Ángeles, Feliciano Méndez, aunque no lo tuvo directamente como maestro, sí le sirvió su modelo, el cual fue deshaciendo cuidadosamente pieza por pieza, con el fin de no perder ningún detalle y logró construir los penachos que lucieron los pequeños en la pasada fiesta patronal.

Pero don Laureano no sólo se distinguió por hacer penachos, sino también en la elaboración de tapetes con dibujos y símbolos que él mismo hacía y le gustaba, en cuyos oficios contó siempre con el apoyo y aliento de doña Isabel Morales García, su señora esposa, quien le acompañaba también a buscar plumas de guajolote en el pueblo y comunidades cercanas, hasta llegar incluso a recogerlas en los arroyos.

Un hacedor de artesanías que se formó a través de muchos años, continuando la tradición de los pueblos desde hace 160 años, en que se utiliza la grana cochinilla y que él aplicó observando la técnica antigua, según narra su hijo Enrique, quien tomó la ruta musical, enseñando y compartiendo también este arte universal.

En el homenaje rendido en su honor, la gente recordó su pasado creativo hecho con amor y alegría. Bailó en tres períodos de tres años que dura la promesa, en alguno de ellos en su posición estelar de Moctezuma. El resto de su vida lo dedicó al quehacer artesanal.