EL PAÍS

Una de las primeras parejas gais que adoptaron en la Ciudad de México habla sobre los posicionamientos del Frente Nacional por la Familia

Leonardo Poblete no podía con los nervios y la emoción. Habían pasado cuatro años y medio desde que él y su pareja Mauricio Camarena decidieron que querían convertirse en padres. Una sala llena de familiares y amigos clavaba sus miradas en ellos, y poco después les entregaron una foto de su nuevo hijo. “Les presento a Leonardo”. Mientras veían la imagen desconcertados, una mujer llegó con el bebé en brazos. “Fue un momento mágico”, confiesa conmovido Poblete. La adopción homoparental se había instaurado desde 2009 en la Ciudad de México, pero ellos fueron en marzo de este año una de las primeras parejas que pudieron ejercer ese derecho en la capital.

 

 

Desde 2010 hasta finales de 2015 6.525 parejas del mismo sexo contrajeron matrimonio en la Ciudad de México, de las cuales 3.532 son parejas de hombres y 2.993 de mujeres, según cifras del Registro Civil. Miles de simpatizantes del Frente Nacional por la Familia salen esta semana a las calles del país porque creen que parejas como la de Leonardo y Mauricio no tienen derecho a casarse ni a criar a un niño. “No queremos que nos entiendan, que nos acepten ni que nos den su bendición, pedimos respeto, tolerancia y que permitan a nuestros hijos vivir con los mismos derechos y oportunidades que los de sus familias”, exige Poblete.

El 67,3% de los habitantes encuestados de la Ciudad de México están en desacuerdo y muy en desacuerdo con que las parejas de hombres adopten, según la Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México (Enadis), publicada en 2010 por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). En el caso de las parejas de mujeres la cifra es del 62,9%. Y el rechazo es aún mayor en ciudades más conservadoras del país como Guadalajara donde el 77,8% rechaza la adopción para parejas homosexuales y el 73,8% en el caso de parejas de lesbianas.

Una largo proceso de adopción

“El proceso de adopción, a diferencia de lo que quieren hacer creer estos grupos, fue profundo y largo, es un mito que toda la comunidad LGBTI se vaya a lanzar a adoptar a niños y que prácticamente los están entregando tan fácil como ir a un supermercado por ellos”, explica Camarena, de 32 años. Los trámites duraron casi un año más el papeleo previo, debieron aprobar evaluaciones socioeconómicas, contestar baterías psicológicas y acudir a entrevistas psicométricas. Pasaron por los filtros legales y burocráticos. Esperaron su turno en la lista de padres adoptivos. Y convivieron con el pequeño Leonardo dos veces por semana hasta poder convertirse en sus tutores. En resumen, se sometieron al mismo proceso que una pareja heterosexual. El sacrificio mereció la pena. “Ser padre es de las experiencias más satisfactorias que he tenido en mi vida”, afirma Camarena.

La rutina de la familia Poblete Camarena es parecida a la de muchas otras. Se levantan temprano, dan de comer a su hijo, lo bañan, juegan con él, trabajan e intentan convivir juntos el mayor tiempo posible. Poblete admite, sin embargo, que a veces ser un padre homosexual tiene sus complicaciones adicionales. “Ser de los primeros que adoptamos es una gran responsabilidad, hay muchas expectativas sobre nosotros”, reconoce el especialista bancario de 40 años, quien acusa que, ante cualquier error o imprevisto común en cualquier familia, aparecen voces que cuestionan sus capacidad de ser padres y a veces la paciencia se acaba. “Ser homosexual es ser juzgado toda tu vida y me siento atacado y ofendido por las mentiras del Frente, es complicado luchar con esto porque ante los prejuicios no hay argumentos que valgan”, añade.

Uno de los argumentos del Frente Nacional por la Familia para oponerse a la adopción de parejas del mismo sexo es asegurar que son relaciones inestables y cambiantes, una afirmación que contrasta con la realidad de los matrimonios igualitarios en la Ciudad de México. Desde 2010 hasta finales de 2015 solo se han presentado 261 divorcios entre parejas del mismo sexo, de los cuales 128 han sido separaciones entre hombres y 133 entre mujeres. Esto representa apenas el 4% del total de los matrimonios que se realizaron en ese periodo de tiempo.

Camarena comparte el desencanto de su pareja, pese a que los incidentes desagradables no han sido muchos. “Es desgastante y agotador trabajar cada día para lograr que mi hijo crezca en una sociedad que lo vaya a respetar y que lo vaya a incluir”, señala. “El tema no es que me discriminen a mí por ser homosexual, sino qué sociedad esperas construir para tus hijos, son ellos los que pagan los costos de este discurso de odio, más fruto de la ignorancia que de defender los intereses de los niños”, agrega. “Déjenos amar a nuestros hijos, nosotros no nos metemos con sus familias”, reclama su esposo.