La Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) informó del hallazgo del cuerpo de José Alfredo López Guillén, párroco de la Santísima Trinidad, de Janamuato, municipio de Puruándiro, quien desde hace seis días estaba desaparecido.

 

 

Con él suman 17 sacerdotes católicos asesinados y dos desaparecidos en lo que va del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, según Alfonso Miranda Guardiola, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

De acuerdo con la dependencia estatal, el cadáver del clérigo fue hallado en un paraje del predio Las Guayabas, ubicado en la carretera Puruándiro-Zináparo, con ocho impactos de arma de fuego. Fueron vecinos de dicho predio, en la comunidad de Janamuato, quienes dieron aviso a las autoridades.

El cadáver fue trasladado a la subprocuraduría de justicia regional de La Piedad, donde se le realizó la necropsia de ley, y se determinó que hace cinco días fue asesinado.

López Guillén fue visto por última vez la noche del 19 de septiembre, cuando en un establecimiento solicitó que le enviaran cuatro raciones de alimentos, mismas que le fueron entregadas en su parroquia después de las 21:30 horas. Un día después, el vehículo del religioso fue encontrado volcado en la carretera Zacapu-Quiroga, a la altura de la comunidad de Santa Fe de la Laguna.

El 22 de septiembre, el arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, expresó su ‘‘angustia por la desaparición del párroco de la Santísima Trinidad, el presbítero José Alfredo López Guillén, después de que fue saqueada la casa parroquial el lunes 19 del mismo mes’’.

El religioso José Alfredo López Guillén desapareció desde el pasado 19 de septiembre en el municipio de Puruándiro

Ese mismo día, en una entrevista radiofónica, el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, dijo que el sacerdote fue interceptado junto con un joven de 16 años. Un día después, varios medios de comunicación difundieron imágenes en las que supuestamente el cura ingresa a un hotel con un joven.

Suárez Inda describió a López Guillén como un hombre ‘‘bueno, pacífico, dedicado a hacer el bien’’, y pidió que se respetara su vida y dignidad.

Apenas el pasado 19 de septiembre, Alejo Nabor Jiménez Juárez, párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en la colonia Petromex de Poza Rica, Veracruz, y el sacristán José Alfredo Juárez de la Cruz, fueron encontrados muertos en el paraje conocido como La Curva del Diablo, comunidad de Reforma Escolín, municipio de Papantla. El primero con nueve disparos de arma corta y el segundo con uno.

Por su parte, el cardenal Norberto Rivera Carrera condenó la muerte del presbítero Alfredo López Guillén, de quien pidió por su eterno descanso. A través de su cuenta de Twitter, pidió a las autoridades competentes esclarecer el crimen.