“Una norma debe ser de prurito derecho, articulando la armonía de la sociedad, ajena a ideologías políticas” Manolo

La utopía es un lugar que no existe; también es un plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación. Nada podría definir mejor la “Iniciativa con Proyecto de Constitución Política de la Ciudad de México” presentada por el Jefe de Gobierno (en el texto de la iniciativa no se dice Jefe de qué Gobierno) Miguel Ángel Mancera a la Asamblea Constituyente que se instaló el 15 de septiembre.

 

 

Resulta sorprendente que la Ciudad de México (CDMX) vaya a gastar más de 150 millones de pesos en los trabajos de esa asamblea que durarán solo tres meses, tomando en cuenta que ya existe un proyecto de Constitución elaborado por treinta personas bajo la dirección de Porfirio Muñoz Ledo.

El hecho que la iniciativa consta de 76 artículos parecería que no es un número excesivo de preceptos, pero nada menos cierto que eso, el contenido de la Constitución que se propone tiene más de 36,000 palabras y las 120 páginas del documento se componen de más de 1,200 párrafos.

Este proyecto es más una declaración de principios, programa de acción y plataforma electoral de un partido político (por supuesto de extrema izquierda) que un conjunto de normas jurídicas. La gran parte de los artículos son declarativos, demagógicos y en extremo ideológicos; muchas de esas disposiciones no tendrían que estar en una ley, menos en una Constitución.

En la exposición de motivos se sostiene que el objeto de la iniciativa es “constitucionalizar los avances conquistados en la ciudad de México”, así como “reconocer derechos y medidas de nivelación dirigidos a la reducción de brechas de desigualdad”.

Entre los cientos de derechos que mencionan destacan los de las niñas, niños, adolescentes, jóvenes, personas mayores, con discapacidad, población lésbico, gay, bisexual, trans e intersexual, personas en situación de calle, migrantes, personas privadas de su libertad y algo que resulta extravagante, se reconocen, más bien se conceden, derechos a afromexicanos y afrodescendientes.

Una de las muchas aberraciones, se dispone que “las niñas y los niños son titulares de derechos” y se llega al absurdo de definir que la primera infancia es hasta los cinco años, hasta los doce se sigue niña(o), de los doce a los dieciocho se es adolescente, de los dieciocho a los veintinueve se es joven, y se afirma, “los jóvenes son sujetos activos de derechos y protagonistas de la vida pública”. ¿Eso que tiene que ver en una Constitución? Eso es un discurso barato.

Un extravío mental que contradice flagrantemente la Constitución, se ordena que los adolescentes y jóvenes de entre 12 y 15 años de edad tienen el derecho y el deber cívico de participar en consultas ciudadanas, y a los mayores de 16 años se les concede el derecho a votar en la elección de las autoridades de la Ciudad de México y de las alcaldías. Este texto no puede ir más allá que la Constitución de la República.

Otra incoherencia, en el artículo 12-C se dice: “La protesta social es un derecho individual y colectivo. Las autoridades adoptarán protocolos de actuación en manifestaciones conforme a parámetros internacionales dirigidos a la protección de las personas en el ejercicio de ese derecho”. Es inexplicable que se pretenda proteger aún más a quienes protestan y no a la población que se ve afectada por esas manifestaciones.

Aunque sería deseable que algunas de las utopías que se escriben en este proyecto se pudieran cumplir no deja de ser risible el contenido de las decenas de derechos que se consagran en las más de 8,000 palabras de los artículos 10 al 19 que adjetivan a la Ciudad de México como una ciudad de libertades y derechos, ciudad democrática, educativa y del conocimiento, solidaria, productiva, incluyente habitable, segura y garantista. Igualmente jocoso resulta el artículo 3.2 que dispone que la CDMX es una “ciudad de refugio”, ¿de la Virgen del Refugio?

Resulta gracioso, quienes integran la Mesa instaladora de esa Asamblea Constituyente hace 40 años eran personas muy cercanas y parte del gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez, Augusto Gómez Villanueva de 89 años de edad era el secretario de la Reforma Agraria; Porfirio Muñoz Ledo de 83 años era el secretario de Trabajo y en 1975 presidente del CEN del PRI; Ifigenia Martínez de 88 años de edad era diputada priista ( ahora es morenista); y Javier Jiménez Espirú de 79años fue subsecretario de la SCT años después, ahora es parte de Morena.

Es mi deber como abogado sugerir que ahora deben los Constituyentes ponerse como sobre una atalaya, desde donde columbrando el conjunto de la Ciudad de México, puedan proveer con mayor discernimiento a su bien universal. Distinguiendo la obra delicada de cumplir como sus árbitros y compromisarios, sin soslayar que el mandante es la sociedad que han sido escogidos como personas de estudios e integridad para enviarlos a deliberar en la Asamblea sobre sus más caros intereses de sus representados.

Mucho trabajo tienen por delante esos Constituyentes para escudriñar las normas garrafales, excesos, y disparates de ese proyecto utópico de Constitución. De no hacerlo, la Suprema Corte va a tener que trabajar meses extras, para cribrar los excesos de la Constitución de la Ciudad de México.

Jugadas de la Vida

Theodore Roosevelt, sangrando abundantemente después de que un cantinero loco le había disparado al pecho, porque se oponía a su candidatura por tercera ocasión, prosiguió hasta terminar su discurso que dirigía en Milwuakee, en 1912 antes de aceptar atención médica.

Agradezco lectura y comentario a este artículo “Utópico” al correo: ldojuanmamanuel@hotmail.com

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