Aún no está claro si la necesidad de un padre es una costumbre social o un imperativo genético.

 

 

Pero lo que sí es verdad es que todos los seres humanos nacemos con una serie de elementos condicionados en torno a lo que es la formación de nuestras culturas y de nuestras vidas.

En el caso mexicano hemos tenido dos figuras paternales, la de nuestro Presidente y la de nuestro padre. Aunque en muchas ocasiones por inconsistencia, incapacidad o simplemente por condición de la vida el padre no está, lo que siempre es sagrado es la madre.

La política mexicana y el país están viviendo una curiosa situación, y es que una cosa es la Presidencia y otra es quién la ocupa. Pero si observamos el devenir político podemos comprender que algo sucedió en aquel protagonista del Mexico´s Moment que prometió una era de prosperidad en nuestro país, el mismo que hoy siendo Presidente todos observamos preguntándole ¿y ahora qué?

En ese sentido, no hay que olvidar que en política como en la vida hay un punto que no tiene retorno.

Y ahora, lo que es importante para la clase política mexicana y para el pueblo mexicano, es entender que aún en el peor de los casos nuestro país es mucho más que un hombre y aunque necesite una institución, la fortaleza de México está por encima de las debilidades de los titulares que lo gobiernan.

Vienen grandes cambios en política, sin embargo, la gran inquietud ahora es saber si aquellos que los van a desencadenar no terminarán por contaminarlos.

Por lo demás, el partido en el gobierno debe ser muy serio, ya que expulsar a los militantes corruptos es positivo, pero no debe olvidar que siendo la procuración general de justicia también está en sus manos. Por lo tanto lo lógico es que además de las condenas políticas o morales, sepa que también es responsable del cumplimiento de las leyes.

Porque de lo contrario eso nos llevará a lo que siempre Hillary Clinton acusó a nuestro país en la época de Calderón, es decir, a la ausencia sistémica de un modelo confiable de justicia.

A partir de este momento con los datos que nos arroja la realidad tenemos que saber que el 2018 está lejísimos. No sólo porque faltan 21 meses para la elección presidencial, sino porque el cambio realmente llegará cuando logremos superar el complejo de orfandad en la que vivimos, y cuando tengamos claro cómo y de qué manera se va a reestructurar lo que hemos perdido en este tiempo.

Y entre lo perdido está la complicidad social colectiva necesaria para alumbrar un nuevo proyecto de país con una institución fuerte, donde las instituciones sean más importantes que las personas que las ocupan.