Los organismos de inteligencia del gobierno federal y estatal, sospechan que más que dinero, lo que mueve en este momento a los dueños del MULT, Rufino Merino y otros, es algo más tenebroso: No quieren la presencia de militares ni policías en la zona casualmente cuando detectan incremento de carros robados y cultivo y acarreo de mariguana y amapola. A eso atribuyen la movilización que intentaron ayer en todo el estado. De Juchitán los corrieron los coceistas que consideran esa plaza de su exclusividad para la agitación política. Excepto la capital donde lograron cerrar Ciudad Administrativa y agredieron a algunos ciudadanos que intentaron entrar o salir, y una carretera cerca de Juxtlahuaca, no tuvieron mayor poder de convocatoria.

El MULT como organización política ha venido de más a menos desde el asesinato de su fundador Heriberto Pazos; sufre serios cuestionamientos internos. Su líder visible, Rufino Merino, se exhibe como potentado y se niega a rendir cuentas de los más de 300 millones de pesos que el MULT recibe cada año en efectivo y mediante contratos. Rufino tiene su propia constructora. Por sus prácticas disolutas fue expulsado del Partido Unidad Popular (PUP) y se entregó a los brazos de AMLO.

Aunque dice que le han retenido recursos, el fondo de su movilización es una petición muy suspicaz: “alto a la militarización”.

En manos de Rufino, el MULT perdió su sentido social. Esta organización dicen que no es ajena al asesinato del precandidato a diputado federal del PRD y anteriormente priista Carlos Martínez Villavicencio.

De la misma manera, hay cuestionamientos contra el MULT por el asesinato de dos perredistas. Según declaración de Omar Esparza Zárate, uno de los activistas políticos anti MULT y viudo de Bety Cariño Trujillo, Rufino Merino tiene que ver en la emboscada del 28 de abril del 2010 donde murió Bety y el extranjero Jyri Jaakola. Esta dama, también era activista en pro de uno de los grupos de San Juan Copala a donde se dirigían el día del atentado.

HARTAZGO SOCIAL

Bastaron unos cuantos vecinos, pero con gran valor civil, en la colonia Las Flores para hacer huir, como ratas, a quince jóvenes encapuchados que retuvieron un camión cargado de alimentos chatarra e iban sobre un cargamento de refrescos y cerveza.

Seguros de la gran impunidad que significa, se dicen estudiantes normalistas, para cometer sus desmanes, pero en esa colonia de Santa Lucía, se llevaron una gran lección.

Una dama, harta por tantos plantones y agresiones a la ciudadanía de parte de esos “luchadores sociales” que arruinan a la gente del pueblo no a la clase gobernante, encaró a uno de los personajes más alegóricos del chantaje político. En la siempre bloqueada entrada de Ciudad Administrativa, se paró frente a la voluminosa humanidad de Flavio Sosa señalado como “demonio de Tasmania”. Lo menos que le dijo fue que tuviera tantita vergüenza al llevar el pan a su casa con un tarea tan detestable como la de ser un chantajista e incendiario social.

LA LECTURA

Como reportero de todo cuanto hacen y han hecho los activistas de la sección 22 y demás faunas del redentorismo social, creo que, por fin, Oaxaca empieza a reaccionar ante tantos abusos. Parece que aquí está surgiendo un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia crítica, sustentado en valores caídos en desuso, como la solidaridad y la indignación colectiva ante la corrupción e injusticia imperantes. No hay que perder de vista que todo cuanto hacen estos grupos de interés, principalmente la sección 22, es derivado de su connivencia con la clase gobernante. Así vemos la alianza coyuntural que hoy hacen con AMLO el dueño del partido MORENA a cambio de candidaturas. Así lo vimos cuando hacían proselitismo para el PRI a cambio de dinero; luego con el PRD para hacer diputados a Aristarco y a Erangelio. Antes de entregarse a AMLO operaban de la mano con el senador chilango traído de Michoacán.

Las notas difundidas profusamente en las redes, las denuncias de los padres de familia y tantas expresiones de repudio, muestran el gran hartazgo de la sociedad por tantos desmanes de los jóvenes normalistas y activistas que mueven los capos del cartel 22. Llegar al extremo del pillaje y hasta asesinatos como el del colega reportero en Juchitán y la desaparición del profe Carlos René Román, entre otros, muestran el grado de podredumbre que contamina el llamado movimiento “democrático” magisterial.

En miles de escuelas de todo el estado, padres de familia y autoridades municipales han querido meterlos al orden pero sus intentos se han estrellado en dos diques: la complicidad del IEEPO y sus funcionarios por el miedo que infunde la agresividad de los porros magisteriales. También la pericia de los maestros activistas con una gran capacidad para aglutinar a los montoneros que contraatacan ante cualquier reacción de la ciudadanía en su contra.

Conozco y tengo muchos amigos profesores. En lo personal son afables y condescendientes pero en muchedumbre el anonimato de las masas los hace perder los valores y principios. Es cuando cometen acciones irracionales de violencia extrema que, en lo individual no perpetran.