1).- La caída del bono democrático

El arribo del gobierno de la alternancia, en diciembre de 2010, significó para los oaxaqueños el fin de un ciclo. Gabino Cué representó, desde su campaña política, un hálito de esperanza, de cambio, de optimismo. El fin de la impunidad, del saqueo, del arca abierta. Oaxaca se insertaba al fin en la era del desarrollo; del rotundo no a la corrupción; a la transparencia y el fin de la impunidad. La reforma constitucional de abril de 2011, anticipaba un régimen de cara a la sociedad, democrática, incluyente. Cero autoritarismo y el ocaso de la famosa frase de L’Etat c’est moi del priismo recalcitrante, corrupto, eje de nuestro ancestral atraso y rezago. Ochenta años de ignominia habían quedado atrás. “Nunca más el uso de la fuerza pública para acallar la protesta social”. No más represión. Un dique con el Tirano de Antequera. Fiscalías y Comisiones para investigar los delitos del pasado. Aunque fueran simples membretes.

Los emisarios de la alternancia llegaban con nuevas divisas constitucionales: plebiscito, referéndum, revocación de mandato, cabildo abierto. Un nuevo andamiaje jurídico, que al final resultó para un carajo. Era, en pocas palabras, la apoteosis democrática, como en la novela de Joseph Conrad -mi ícono literario- “entrar en un peregrinar de fantasía en medio de visiones de pesadilla”. (El Corazón de las Tinieblas, Orbis, Barcelona, 1986, p. 31). Sin duda -y jamás lo negaremos- hubo un propósito sano de cambiar el estado de cosas. El bono electoral -que luego se habría de devaluar estrepitosamente- era el aval del pueblo oaxaqueño para instrumentar el cambio, la transición, la alternancia.

2).- La política después de las ilusiones

Una fijación del nouveau régime era arremeter en contra del ulisismo. Cobrarle la derrota de 2004. En pocas palabras -y parafraseando al patrón y cilindrero mayor de la CNTE, Luis Miranda- “partirle la madre”. La primera fórmula: aliarse con el magisterio, artífice del triunfo; la segunda, llevar a prisión a los corruptos del ancienrégime. Nada pasó. Si acaso tres pisaron el penal. Simple charales. Los peces gordos, como Miguel Ángel Ortega Habib, extitular de Finanzas, siguen disfrutando de los miles de millones que se chutaron. Intento fallido; promesa abortada. Y es que al ver hacia el interior de su mismo equipo, Cué advirtió que los corruptos del pasado eran simples párvulos con los maestros que tenía en casa. Netzahualcóyotl Salvatierra, de Sinfra; José Luis Pinacho, de CAO; Germán Tenorio, de Salud y, sobre todo, the bussiness man, Jorge Castillo -ministro sin cartera-, habían salido demasiado finos.

Sin duda pues, la realidad superó a la ficción -o más bien a la ilusión-. Las bofetadas y reveses iniciaron. La Sección 22 se empoderó más. Fue sencillamente intocable, pese a la recuperación del IEEPO el 21 de julio de 2015. Miles de millones de pesos se fueron a las organizaciones sociales. A fondo perdido. Más de mil millones entre 2011 y 2013. El clientelismo infame, voraz e insaciable. El presupuesto de obra pública a un apretado directorio de empresas foráneas. Los constructores locales valían gorro. De hilaridad: se beneficiaba al 90 por ciento de las empresas locales… sí, pero con el 10 por ciento del presupuesto.

3).- A paso de cojo

Oaxaca no avanzó pues, un ápice. El estigma de la ingobernabilidad ha permeado a lo largo del sexenio. La fuerza pública siempre ha estado de aparato. Nuestra consabida frase: el Estado de Derecho una ficción; la ley, una caricatura. No se entendió que sin orden, sin legalidad, no hay desarrollo. Las inversiones han huido. La lectura de que cojeamos un paso hacia delante, pero retrocedimos dos, permea en el imaginario colectivo. Desde el segundo año, ante la pobreza de circulante se acuñó una frase: “preferimos a los corruptos del pasado, que los torpes -la palabra era otra- de este gobierno”. El monto de la deuda pública creció en progresión geométrica. Es decir, se multiplicó a 16-18 mil millones de pesos. Oaxaca se debate hoy en medio de la ingobernabilidad, la ausencia de inversiones, de obra pública relevante, la inseguridad, la inminente presencia del crimen organizado, la plaga de sindicatos, organizaciones y mafias en el transporte y encima de todo, un magisterio empoderado que sigue pendiendo como la “Espada de Damocles”. Éste será el legado que habrá de recibir el nuevo gobernador, Alejandro Murat Hinojosa el primero de diciembre.

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

— El affaire Nochixtlán lleva el estigma de convertirse en una historia sin fin. La manipulación y la demagogia; las verdades a medias y el chantaje, tienen ya patente de autenticidad. Maurilio Santiago con sus “ejecuciones extrajudiciales” y Juana Ramón con sus balandronadas, perfilan una conclusión: mantener el hecho como una piedra en el zapato y aflojar, de acuerdo a los cañonazos. Es decir, un vil chantaje y extorsión.

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