México es la economía número 15 del mundo por el tamaño de su producto interno, entre casi 200 países, de acuerdo con el más reciente cálculo del Fondo Monetario Internacional.

Cayó desde la posición número 5 de la que se ufanaba Vicente Fox en 2001. Aun así continúa siendo envidiable, con más de un billón de dólares al año. ¿Cómo es que siendo tan rico, tiene tantos pobres? Hay muchas razones, pero una en la que casi todos coinciden tiene relación con la corrupción. El más reciente escándalo es el de isla Alacranes. Un helicóptero descendió en una área protegida por su riqueza natural, llevaba a tres personajes: Emilio Gamboa Patrón, líder del grupo parlamentario del PRI en el Senado; Guillermo Ruiz de Teresa, coordinador general de Puertos y Marina Mercante de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, y el empresario Emilio Díaz Castellanos, el anfitrión de un fin de semana pescando en un yate. Gamboa Patrón, vale recordar, fue uno de los senadores que bloqueó la llamada ley 3 de 3 en su texto original. Cuando le dijeron que eso constituía una violación a la ley, habría respondido: aquí se viola todos los días la Constitución. ¿Quién es Díaz Castellanos? Se sabe que a través de su empresa Prodi, en sociedad con la portuguesa Mota-Engil, forma Mota-Engil México, que tiene contratos carreteros y ferroviarios por 4 mil 574 millones de pesos. También mantiene negocios multimillonarios, a través de diversas compañías, con Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad. Una investigación debería conducir a algo que no sucederá: conocer si existe tráfico de influencias entre Gamboa Patrón, Ruiz de Teresa y el generoso empresario. Pero ahí están los resultados: México es la economía mundial número 15 y al mismo tiempo un huésped permanente de los reprobados en materia de corrupción de Transparencia Internacional.

La Jornada / Dinero / Enrique Galván Ochoa