1).- Gobierno de cuates y cuotas

En diciembre de 2010, partimos de la premisa de que si a Gabino Cué le iba bien, le iría bien a Oaxaca. Sin embargo, la realidad superó a la ficción. El triunfo tuvo un costo altísimo. Repartir el pastel para pagar facturas al PRD, PAN, PT y MC, fue un revés brutal. Paliar la voracidad de aquellos que exigieron su tajada no fue tarea fácil. Se integró un gabinete de cuotas, aunque también de cuates. Una verdadera Torre de Babel; una cacofonía de voces; un concierto del absurdo. Detrás de Gabino, el poder omnipresente de Benjamín Robles Montoya. Jefe de la Oficina de la Gubernatura, Coordinador de los Módulos de Desarrollo Sustentable y Secretario Particular, tres cargos en menos de un año. Instrumentó un golpeteo inédito al interior. Nada se movía sin el rasero del chilango. Distribuyó sus alfiles en toda la administración estatal. Pero empezaron a caer cuando le mordió la mano al amigo. Ya era senador. En el ínterin, Robles no dejó títere con cabeza. Él “operaba” políticamente; Jorge Castillo, atendía lo económico. Eran los tiempos de la borrachera democrática. Hoy, hay una resaca de seis años, que no se cura ni con suero glucosado o “Neurobiónretard”.

2).- Titulares e interinos: Una danza macabra

La labor de zapa de Robles no ayudó a Cué. Tampoco la labor de expoliación de Castillo. En donde había lana se aparecía como el genio de Aladino El primero arremetió contra la primera Secretaria General de Gobierno, Irma Piñeiro. La renuncia dio inicio a la danza de titulares en SEGEGO: Jesús Martínez Álvarez, Alfonso Gómez Sandoval y Carlos Santiago Carrasco. Cuatro al hilo. Capotear a la fiera social no fue tarea fácil. En temas prioritarios, como Los Chimalapas, la divisa fue caminar a paso de cojo. En el IEEPO las piezas se fueron acomodando a placer del Cártel-22, el poder fáctico sexenal. Uno se tiró al piso y otro nadó de muertito, capoteando los rasguños de la fiera. A uno más lo pusieron a bailar con la más fea y el del final, sólo a administrar la desgracia. En este orden: Bernardo Vásquez Guzmán y Manuel Antonio Iturribarría; Moisés Robles y Germán Cervantes. En diversas áreas de gobierno se percibió con nitidez, la omnipresencia de Diódoro Carrasco.

En la Secretaría de Seguridad Pública se pasó del profesionalismo a la improvisación o más bien, de la inexperiencia al protagonismo: Marco Tulio López Escamilla, Alberto Esteva y Jorge Ruiz Martínez. Inédito, pero en la Policía Estatal fue una verdadera pasarela: César Alfaro, Cuauhtémoc Zúñiga, Víctor Alonso, el general retirado, Froylán Cruz y Cornelio Figueroa. En la Secretaría de Cultura, la danza de titulares fue directamente proporcional a la falta de un programa de gobierno. Inició Andrés Webster y siguieron dos interinos: Emilio de Leo y Othón Téllez y dos titulares más: Francisco Martínez Neri y Alonso Aguilar. La permanencia de “interinos” o “encargados del despacho”, creó en la conciencecolectif la idea de que hacía falta aplicar la máxima de Luis XIV: “la decisiónnecesita espíritu de señor”. Al menos tres titulares terminarán con ese estigma: Salud, Asuntos Indígenas y SETRAO.

3).- La gobernabilidad bajo presión

Salvo las cocinas comunitarias y los uniformes escolares, nada relevante hubo en programas sociales. En infraestructura, tampoco hubo obras de trascendencia como las carreteras al Istmo, la Costa o el abortado proyecto “Paso Ancho”. Tal vez la Ciudad de los Archivos o el Centro de Iniciación Musical, entre otras modestas, salva la plaza. Empero, pareciera que el tiempo se detuvo en Oaxaca. Como una eterna postal, ahí seguimos. Eternos, almas perennes viajando en el furgón de cola de la modernidad. Continuamos anclados en la disyuntiva: somos un pueblo rico, pero seguimos pobres. Y hay un factor que fue determinante para concluir el ciclo con una entidad devastada política, económica y socialmente. El miedo de llevar el estigma de represor. La fobia a mantener firme el espíritu de la ley; de una mano sólida para salvaguardar el Estado de Derecho; el ejercicio de una realpolitik, que combinara diálogo con fuerza. Como decía Catulo: “el poder en Roma se ejerce con el soborno en una mano, la amenaza en la otra y citas de Ennio en los labios”.

El clientelismo volvió a tomar carta de naturalización. Maestros y organizaciones sociales saquearon el erario. Funcionarios corruptos. Líderes voraces se chutaron millones a fondo perdido, insaciables, compulsivos. La movilización perpetua; el bloqueo nuestro de cada día; la industria más rentable: el chantaje. Gabino Cué cayó en el juego que le tendieron sus antiguos aliados. Los mismos que hoy en día le siguen haciendo vivir un infierno.