El ridículo que hicieron los “grandes analistas” de la política en México fue tal que literalmente huyeron de las televisoras, sobre todo la de las estrellas, una vez que sus “sesudos análisis” no les daba ni de cerca la razón de lo que estaba ocurriendo en el país al que tanto debe, la mayoría de ellos, su extenso historial académico y su formación investigadora. Lo mismo ocurría con los “siempre infalibles” encuestadores electorales, que a la hora de leer la política terminan leyendo números y describiendo una realidad construida, reconstruida y destruida por la simple intención de un voto o del voto mismo. Los políticos de plano, esos si se mancharon esmerándose en hacer el oso hormiguero, los senadores no tuvieron padrino ni madrina ahora sí que, chillando -también literal- por el futuro inmediato del país, casi corren a desenterrar a Santa Anna, Maximiliano o Don Porfirio para hacerles segunda a los vecinos y su neoimperialismo; como haciendo reverencia oriental, empinándose pues, al pelo de oropel. Sí que estuvo tragicómico eso o como dice la amiga Jenny “…eso estáa muuyy bueno” (risas). Es el estado de la Ciencia Política y las disciplinas auxiliares hoy; peor aún, las escuelas hechas miméticamente a imagen y semejanza de las gringas con todo y su lenguaje siniestro -según- muy chafa el asunto pues. No cabe duda que sin Filosofía ninguna Ciencia progresa.

Y como fueron más atinados los análisis de no especialistas y gente que emitió sus juicios desde el sentido común (Moore dixit), el conocimiento ordinario (M. Maffesoli dixit) y desde la experiencia contextual como sabiduría de vida (Freire dixit) no nos queda más que hacer una síntesis muy sencilla y brevísima de lo que a nuestro parecer ocurrió o está ocurriendo en los EUA. Una vez que ya tienen nuevo Gerente, con una nueva visión y misión de empoderamiento a partir de sus enfoques de una nueva gobernanza es posible que el mercado reduzca su espectro de atención y comience una nueva etapa segregacionista; dicho así, con los tecnicismos propios de la academia política del gabacho, sus eufemismos para metamorfosear la sustitución de las categorías políticas por las categorías impolíticas, en fin, de esto ya escribiremos en breve.

En el orden que a cada uno le parezca el más adecuado, las circunstancias que rodean la política en los EUA son muchas, describiremos, someramente, sin entrar en profundidad, porque necesitaríamos escribir un tratado, y para propiciar en el lector la curiosidad por la investigación o al menos la indagación, tan solo aquellas que nos parecen más influyentes en los resultados del proceso electoral próximo pasado.

PRIMERO: El factor Termodinámico y la ley de la Entropía. Apoyado en las aportaciones de los más renombrados y laureados físicos, Jeremy Rifkin se atreve a exponer la tesis de que la física y la política tienen una relación estrecha, sobre todo en las fases de resultados, sean en la lucha por el poder o en la administración de los recursos naturales, materiales y humanos a la hora de aplicar.

A saber: “En última instancia [las leyes de la termodinámica] deciden el ascenso y la caída de sistemas políticos, la libertad o la esclavitud de pueblos, los movimientos del comercio y de la industria, el origen de la riqueza y la pobreza, y el bienestar material de la humanidad en general” (Frederick Soddy, premio Nobel de Química)

Claro está, que si le decimos a un político tradicional que la causa de su derrota puede atribuírsele a las leyes de la termodinámica tal como se apunta arriba, con toda seguridad que nos mandará por un tubo y quizá, como suelen hacer gala de su florido lenguaje, hasta nos mande a Tapana (vergonzosamente) con el verbo fácil que les caracteriza; en consecuencia, harán lo mismo de siempre, adjudicárselo a causas inmediatas que se agotan en un solo hecho y en una sólo jornada. Bueno son cosas de visiones cortas o largas, claras u obscuras, quizá las prefieran “campechaneadas”.

La energía que debiera utilizarse para transformar la vida social en general y mejorar la calidad de vida de las personas, se convierte en una constante entropía que da como resultado una agudización de los problemas de fondo como el desempleo, la pobreza, la migración, la inestabilidad social y la incapacidad de gobernar por mencionar sólo algunas.

Cómo dice el propio Jeremy Rifkin en su ya no tan reciente libro, La Civilización Empática (PAIDÓS 2010), “Nuestro viaje empieza en la encrucijada donde las leyes de la energía que gobiernan nuestra inclinación a trascender constantemente nuestra sensación de aislamiento buscando la compañía de otros en organizaciones sociales consumidoras de energía cada vez más complejas. La dialéctica subyacente a la historia humana es un bucle continuo de retroalimentación entre la expansión de la empatía y el aumento de la entropía”.

De la misma manera sentencia Howard Odum, uno de los pioneros en el campo de los sistemas naturales de energía: “… en la integración <<hombre, mente y energía>> debemos tener presente que es la fuente de energía, no la inspiración humana, o que en última instancia fija los límites del progreso humano.  Todo progreso se basa en la energía. Y el progreso se evapora cuando y donde la energía se limita. El conocimiento y el ingenio son medios para aplicar la energía, cuando se dispone de ella, pero el desarrollo y la conservación del conocimiento también dependen de la energía…lo importante para toda sociedad es la disponibilidad de energía. Toda creatividad humana habida y por haber no hará progresar el bienestar de la humanidad si no hay suficientes reservas de energía que explorar y utilizar”.

Dicen, y dicen bien, que en política la inteligencia mayor es consecuencia de reunir a mentes brillantes de tal forma que, la suma de inteligencias particulares dé como resultado una capacidad de solución igualmente mayor, esto es lo que diferencia a un Estadista de un simple gobernante. En última instancia, el “éxito” no radica en ser el mejor sino rodearse de los mejores y aprovechar al máximo el conocimiento de cada uno en su campo de dominio. No digo que el candidato republicano que resultó ganador sea un dechado de virtudes intelectuales, cuando en realidad parece ser todo lo contrario, pero ya todos sabemos cómo se las ingenió para administrar la energía convertida en trabajo que a la postre fue productiva: los estados más redituables electoralmente fueron el blanco de sus disparos de psicología política y como hombre de negocios le apostó a ser el “mercadologo” político del presente (parafraseando al buen Paco empanadas).

SEGUNDO: Las leyes matemáticas de la probabilidad y la estadística son eso precisamente, solo probables y por lo tanto su contrario es igualmente cierto, improbables. Así que hacer uso y abuso de ellas sin asumir, como en otros campos legales, la presunción de certeza hasta en tanto los hechos se comprueben o demuestren lo contrario (Popper diría para la ciencia, sean “falseables”) hacer de ello, decíamos, una constante forma de explicación ex ante o a priori es tanto como entrar a una esfera de cristal. Sobre todo, si sabemos bien que para no repetir la historia hay que conocerla y aprender de ella. Leamos el siguiente párrafo textual:

“Las encuestas de opinión ya se venían utilizando durante los años treinta para medir las opiniones de la población sobre problemas importantes y la intención de voto. Es el acierto en la predicción de las elecciones presidenciales de 1936, sin embargo, el acontecimiento que les dará publicidad y credibilidad. Esta euforia vendrá contrarrestada más adelante por el fracaso en las elecciones de 1948, que daban como ganador a E. Dewey frente H.S. Truman. Todos los pollster (encuestadores) fallaron. Las encuestas de la revista Fortuna de E Roper se equivocó en un 12 por 100, y las de Gallup, en un 5 por 100. La utilización de una mala base de la muestra, el no tener en cuenta los acontecimientos (cambios) de última hora y las oscilaciones de los indecisos, fueron algunas de las causas que llevaron al fracaso en la predicción…” (Cándido Monzón Arribas. La opinión pública, Teorías, concepto y métodos., tecnos 1990) Más Claro ni el agua.

TERCERO: de la mano de la tradición anglosajona van el Conservadurismo y el espíritu del capitalismo respaldados por la ética protestante. Religión, dinero, trabajo, derecho y política. Para abreviar les recomendamos la lectura del clásico librito de Max Weber, La Ética protestante y el espíritu del capitalismo; por supuesto los Textos políticos de Edmund Burke; ¿Qué es el Neoconservadurismo? De Helmut Dubiel ANTROPOS 1993; LA TEORÍA POLITICA DEL CONSERVADURISMO NORTEAMERICANO de Clinton Rossiter Grupo Editor Latinoamericano 1982; EL CONSERVADURISMO Un análisis de la tradición anglosajona, de Ted Honderich, Península 1990.

Del último, tomaremos la siguiente cita, muy ilustrativa: “Cuenta entre sus principios sobresalientes (el conservadurismo) … el principio dl tradicionalismo, que se relaciona con la adhesión y el respeto a las costumbres e instituciones establecidas. Los conservadores ingleses. Lo mismo que sus primos estadounidenses del partido republicano, … siempre vuelven a la proposición de que el objetivo de los hombres razonables debe ser mantener un país identificablemente igual…” “El conservadurismo tal como nosotros lo entendemos comienza con la obra de Burke.

Consideremos esta tradición hasta el día de hoy en que vamos a convertir en propiedad privada cualquier cosa a la que pueda echarle la vista encima un empresario, o hacia la que pueda dirigirle un político evangélico” (Honderich. P11). Hacia allá redirige la sociedad estadounidense, volver al principio, su principio.

CUARTO: por último, lo que existe detrás de la tan venerada democracia gringa ya está en detrimento que ni el mismísimo Alexis de Tocqueville, ni los federalistas Madison, Jay y Hamilton podrían hoy no cuestionarla. La falacia democrática, su representación colegiada a medias hace que el voto ciudadano sea una ecuación algebraica de justicia legaloide, es decir, un CÁLCULO DEL CONSENSO (fundamentos lógicos de la democracia constitucional) como le llamaron a su libro James Buchanan y Gordon Tullock. Planeta Agostini, 1993. Así pues, la democracia, para los gringos, representa en sí misma (amén de ser un gran espectáculo mundial al más puro estilo de Hollywood) un peligro para las instituciones más importantes en su quehacer cotidiano y que sostienen el principio rector del liberalismo económico y el conservadurismo social y político.
Nos leemos próximamente, no olvidemos que si bien el conocimiento, como la materia y la energía, ni se crea ni se destruye sólo se transforma, podemos generar siempre empatía como mejor aliado de nuestra actitud ante el mundo. Recordemos que hasta ahora lo que han hecho los grandes pensadores es interpretar el mundo lo que debemos hacer es transformarlo, Marx dixit. Mientras tanto que haya pura buena vibra, energía positiva, empatía diaria y mucha paz

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