¡Qué pasó con el gasolinazo de enero! Acaso no nos prometieron una baja en los precios de los combustibles cuando nos vendieron la Reforma Energética. El golpe económico, político y social que significa un alza superior al 20 por ciento todavía no lo medimos.

Explicaciones van y vienen, pero para entender por qué estamos perdidos en materia de combustibles, tenemos que definir en qué momento se echó a perder el modelo energético de México.

El epicentro se ubica en el uso y el abuso que el PRI-Gobierno decidió darle a mediados del los años 50 al poder financiero y político que significaba el sindicato petrolero.

Para decirlo en pocas palabras, para los años 60 no existía político que aspirara a la Presidencia de México que no necesitara del apoyo de la chequera de los petroleros y la fuerza humana de otro sindicato, el de los maestros, para instalarse en Los Pinos.

Eso lo entendió muy bien y lo alimentó Luis Echeverría, patriarca de Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”, y de Carlos Jongitud Barrios.

Fue a ellos a los que Echeverría alentó en 1987 para consumar la ruptura del PRI y crear con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo la llamada Corriente Democrática, convertida hoy en el PRD.

Los odios políticos y personales de Echeverría contra los Salinas eran tales que el hombre de la guayabera se empecinó en abandonar al PRI a su suerte.

Y convenció a los líderes petroleros y del magisterio a poner su patrimonio político al servicio de la nueva corriente opositora. Y Cárdenas ganó la elección del 88.

Pero tras caídas del sistema bartlettiano y negociaciones políticas con los opositores, Salinas se instaló en Los Pinos. Y sus primeras acciones serias fueron someter a los sindicatos petroleros y de maestros.

Hernández Galicia fue detenido y Jongitud cedió su liderazgo a su amiga Elba Esther Gordillo.
Para Salinas, el poder del sindicato petrolero estaba más que desbordado y era ya una amenaza para el Estado mexicano.

Alimentarlo creciendo plazas sería empoderar todavía más a quienes con sus cuotas sindicales, sus contratistas y sus prebendas constituían un pilar financiero de una fracción del PRI que ya se había convertido en Corriente Democrática.

Por eso, entre otras razones, la decisión de no construir nuevas refinerías. El argumento oficial era que las canonjías sindicales hacían la refinación en México más costosa que en el resto del mundo. El no-oficial que se tenía era dejar de alimentar al monstruo político que puso al sistema contra la pared.

Y con expertos en energéticos norteamericanos –algunos allegados a los intereses de la familia Bush– la administración Salinas optó por alentar un nuevo modelo energético para México.

Una privatización, sin que oliera a privatización.

Se creó Pemex Internacional como el gran bróker de nuestro petróleo y las multinacionales aliadas a los intereses de los Bush –Bechtel, Schlumberger y Halliburton, entre otras– asumieron la exploración y la perforación.

Y la refinación del crudo mexicano floreció, pero en Texas. La construcción de nuevas refinerías en suelo mexicano se congeló.

Y mientras los intereses extranjeros –y de algunos particulares mexicanos– se fortalecían, los intereses energéticos mexicanos se debilitaban y hacían de nuestro país una nación dependiente de otros para sobrevivir con su propio petróleo.

Mañana: Las cuatro ordeñas a Pemex.