Ni duda cabe, el gobierno de la Alianza fue un gobierno absoluto, no tuvo oposición,  sus acciones y vinculaciones con la sociedad, además de la burocracia, que  fue aumentado y diversificado durante el sexenio, contó con la colaboración de la llamada sociedad civil, es decir, una inmensa red de organizaciones, sindicatos, partidos, asociaciones de las diversas clases y grupos sociales, así como de los medios de comunicación, no hubo un poro de la sociedad que no ocuparan tanto el gobierno como esta sociedad civil.  Entonces, los ciudadanos de a pie se vieron inermes ante este gobierno absoluto. Jamás en la historia del Estado oaxaqueño había tenido esta clase de gobierno.
Este gobierno al no tener contrapesos y oposiciones, tampoco un proyecto sólido de cambio social, político y económico, sin idea y sin ideología, pronto cayó en la contingencia y en el pragmatismo, así, ante su impotencia para conducir al gobierno a algún puerto seguro, el asalto de los recursos públicos fue la alternativa más inmediata, los pocos servidores públicos honestos fueron arrastrados por la ola del abuso y uso de los recursos del pueblo oaxaqueño. Ante arcas abiertas fue relativamente fácil la generalización de los actos de corrupción. Jamás en la historia social y política de Oaxaca la corrupción se generalizó y la incompetencia haya aflorado tanto.
Al final del gobierno, ante los malos resultados del gobierno de la Alianza, la sociedad civil manifestó su indignación en forma por demás cínica, desligándose del gobierno y hasta negando su participación, como lo hicieron al final los líderes del PRD. Es indiscutible que una consolidada sociedad civil, lugar de contrapoder estatal, de consensos y de deliberación, forma parte de la democracia, pero su alianza con cualquier gobierno es contranatura, pierde su carácter de sociedad civil adquiriendo el carácter de sociedad política. Así, la sociedad civil que tuvo resonancia en el conflicto del 2006, como lugar de definiciones de lucha, se convirtió en cómplice y beneficiara de los recursos públicos. Por ello estamos de acuerdo con José Fernández Santillán, estudioso del tema, quien afirma: “La sociedad civil es el espacio donde, en uso de su libertad y autodeterminación, el individuo se mueve en el espacio asociativo. Es de suma importancia, para los fines de nuestra investigación, mantener firme la idea de que el individuo es un agente moral con facultades de raciocinio y de ejercer su capacidad de seleccionar entre diferentes alternativas. Sin este requisito es imposible elaborar una convincente teoría de la sociedad civil (Fernández Santillán, José. El Despertar de la Sociedad Civil: una Perspectiva Histórica. Edit. Océano, México, 2003, p, 29).
Ese espacio asociativo fue cooptado por el gobierno de la Alianza, nos quedamos sin deliberación y sin la posibilidad de escoger diferentes alternativas, sólo existió una alternativa: el gobierno de la Alianza. Durante el sexenio, todo fue histórico, sin oposición, fue imposible cuestionar la relevancia de las acciones del gobierno. Sin sustento, sin las raíces debidas, el gobierno de la Alianza se desmoronó ante los ojos atónitos de la ciudadanía que así recuperaba su autodeterminación y juicio moral.
Sin partidos y organizaciones independientes que vincularan a la sociedad con el Estado, sin una respuesta eficaz de las demandas sociales por el aparato público, el absolutismo fue la tónica del gobierno de la Alianza bajo el mando de Gabino Cué Monteagudo. Fue lastimoso para los ciudadanos al querer participar en los partidos y encontrarse con organizaciones mediatizadas, controladas, sin ánimo de discrepancia con el régimen aliancista, los órganos que tenían por virtud la defensa de los derechos ciudadanos, no movieron un ápice de su estructura para proteger esos derechos, para los medios de comunicación social, la única verdad fue la oficial, fue un bombardeo de información, sesgada a favor del gobierno, que fue imposible saber la realidad, realidad que afloró con toda su crudeza con el nuevo gobierno, produciendo estupor de cómo fue posible llegar a tales grados de corrupción y de descomposición de la idea de un gobierno. El gobierno absoluto se hiso acompañar de una revalorización de la idea de autoridad como sujeta a los vaivenes de las fuerzas componentes de la Alianza. La autoridad no devino en institución sino como relación, por tanto, sujeta a las negociaciones entre las partes, otro elemento más de la corrupción de este régimen.
El lema de campaña de la Alianza fue: “Unidos por la Paz y el Progreso”. Lo cual marcaría el posible rumbo ideológico de su gobierno. Convalidar el progreso como la vía para orientar el futuro de una sociedad era pensar en la universalización de la razón en detrimento de todo lo que significa la cultura,   como si no existieran los espacios para la expresión de esta realidad, fue  tener fe sólo en la ciencia, por lo cual se estuvo a espaldas del mágico pueblo oaxaqueño;  era  pensar en una sola visión del mundo, es decir, en una sola cultura, era  en fin, la muerte de Dios; era  la consolidación de la jaula de hierro según Weber o en su caso, era alcanzar la modernidad. Con esta ideología, era plantear un serio cuestionamiento de la tradición, por lo tanto, un serio cuestionamiento hacia la existencia de los pueblos indígenas de Oaxaca, que significaba  el fin de la multiculturalidad étnica, de la dinámica de la interculturalidad, era el fin de toda diversidad y por ende, de la democracia misma. El progresismo, en sí mismo, es altamente antidemocrático. Esto significaba un indicio lamentable para un gobierno que se asumía a sí mismo como democrático. El progresismo en sí mismo es la muerte de la pluralidad en beneficio de la uniformidad. El gobierno de la Alianza se presentó con la máscara de la democracia ocultando su esencia autocrática.

El Progresismo es la típica ideología de la derecha que se cubre en el manto de izquierda. Para Bryan Turner, (citado por Denise Helly: “Las resistencias a la justicia intercultural” en Filosofía Política 33; Junio 2009 P. 27) “El progresismo contrapone el universalismo formal de los derechos, la ciencia, la racionalidad, el retroceso de las religiones y la cultura nacional a las tradiciones que supuestamente son incapaces de ir a la par en el desarrollo del progreso … Una ideología que, en nombre del universalismo del conocimiento, califica a personas y poblaciones enteras como premodernas, rechazando su interpretación del mundo”. El progresismo y el desarrollismo que le es concomitante, han demostrado sus límites de beneficio social, objetivo primordial de sus principales ideólogos, hoy la humanidad tiene los indicadores más dramáticos de desigualdad social que en las épocas de antaño. Igual sucede en tierras oaxaqueñas, la modernidad como expresión de época del progreso y desarrollo, ha traído mayor desigualdad entre los oaxaqueños.
Plantear el progresismo como eje central del gobierno de la Alianza, significó, una de dos, ignorancia sobre el significado histórico del tema o en su caso, fue el verdadero propósito de este gobierno: lanzar a Oaxaca hacia el individualismo, la racionalidad a raja tabla, una sola cultura, enterrando la diversidad cultural de los oaxaqueños, una sola visión de la realidad y una sola manera de gobernar: la separación entre gobernantes y gobernados, en donde la obediencia de los segundos sería garantía de paz. Esto no es más que el reflejo del gobierno absoluto.