Aquí valen tres preguntas. Uno, de quién era la gallina. Dos, quién se comió o vendió los huevos de oro. Y tres, por qué se nos secó o se nos acabó

 

Una vez más los asesores le endosan al presidente Enrique Peña Nieto una frase muy poco afortunada que en el universo de las redes sociales se presta para disparar memes a diestra y siniestra.

Al intentar explicar que los yacimientos de petróleo se nos agotaron, el inquilino de Los Pinos parafraseó: “La gallina de los huevos de oro se nos fue secando, se nos fue acabando”.

Y aquí valen tres preguntas. Uno, de quién era la gallina. Dos, quién se comió o vendió los huevos de oro. Y tres, por qué se nos secó o se nos acabó.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque pocas veces la alimentaron, porque solo la explotaban y no reservaron algunos huevos de oro para producir pollitos –yacimientos– que reemplazaran a las gallinas muertas.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque la convirtieron en el alimento de un insaciable sindicato que repartía por herencia familiar sus plazas, sin importar si la mano de obra era o no calificada.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque ese sindicato fue convertido más en un aparato político electoral, que un aparato eficiente y productivo de generación de crudo y combustibles.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque sus huevos de oro fueron repartidos entre una muy exclusiva casta dorada de políticos, líderes sindicales, y contratistas, nacionales y extranjeros.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque después del avicultor Jorge Díaz Serrano, todos los responsables de esa privilegiada avícola fueron políticos de paso, y no ingenieros de carrera que conocieran de huevos.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque alguien decidió vender las jugosas pechugas a través de Pemex Internacional, convirtiendo la venta de huevos en negocio particulares “extranjeros” que les dejó mucho oro.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque otro avicultor, Carlos Salinas, viendo que la gallina se convertía en peligroso y poderoso gavilán electorero, decidió que ya no era negocio instalar empacadoras de huevo en territorio nacional.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque el negocio de la transportación de los huevos de oro se le dio casi como monopolio a los avicultores Hank y luego compartida con los avicultores Mouriño.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque con ella alimentaron las campañas políticas del PRI entregándole huevos de oro al sindicato para financiar la conservación del partido en el poder.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque quienes recibieron los huevos para alimentar al aparato electoral -como el Pemexgate en la campaña presidencial de Labastida- operan hoy como jefes avicultores de la bancada priista en el Senado.

La gallina de los huevos de oro se nos fue acabando porque cuando el avicultor Felipe Calderón vivió el boom en el precio de los huevos, malgastó el excedente del oro en otros improductivos gallineros y no reservó algunos huevos para los tiempos de gallinas flacas.

En pocas palabras, por décadas la dorada clase política –tricolor y azul- se hartó de comer pechugas, y al pueblo cuando mucho le dieron el pescuezo y la rabadilla. ¡Qué huevos!