Es muy normal que en nuestros pueblos primarios la vida comunitaria se viva intensamente. Al contrario de lo que se piensa, el individuo es tal por la cultura que lo envuelve, la vida siempre se realiza en un contexto cultural. En este caso, la comunidad es un contexto cultural antes que nada. El hombre desnudo de cultura no existe.

En la naturaleza humana está impresa la existencia con los otros. La comunidad es un crecimiento recíproco entre los individuos, además que la participación permite una autorrealización y enriquecimiento continuo de los individuos. “A través de la participación, la persona pone un sello particular a su existencia. Gracias a la participación, la persona comparte su vivencia personal con los otros. Es la forma por excelencia en la que se comunica lo mejor de sí a los otros. Es un servicio en que se ofrece a los demás el don de sí mismo, donde el amor al prójimo encuentra su dimensión trascendente en un contexto de humanismo integral” (Sánchez García, Cipriano. Construcción de Comunidad en Tiempos Posmodernos. Dos Polacos en Diálogo: Zygmunt Bauman y Karol Wojtyla. Edit. Siglo XXI. México, 2016, p, 44).

Contraria a la participación que se da en las comunidades oaxaqueñas, en la sociedad se caracteriza por el conformismo, la apatía, el individualismo y la evasión, que son los elementos de una sociedad alienada. Esta sociedad alienada le es concomitante las ideologías liberales, pragmáticas y autorreferencialistas. La participación de mujeres y hombres en las comunidades oaxaqueñas, es una virtud generalizada que no tiene parangón en nuestro país, es una autorrealización de los sujetos participantes, mujer y hombre se realizan al obrar conjuntamente con los suyos, con los bene Yell, con la gente de la comunidad y no con los otros, como pueden ser los bene gualasch, los de la raza, los del pueblo.

Aquí habría que poner el acento de las diferencias entre los bene Yell con los bene gualasch. Son miembros del mismo pueblo primario pero se realizan como individuos y ciudadanos sólo en la comunidad. En las comunidades sin agencias no hay este problema, puesto que es una sola comunidad.

Un municipio en Oaxaca es una comunidad o en su caso, un conjunto de comunidades que gozan de alguna categoría administrativa, nos interesa sólo las de categoría de agencias, sean municipales o de policía. El municipio de los pueblos primarios de Oaxaca, le es sustancial la existencia comunitaria, lo define, lo caracteriza, porque la comunidad es una asociación política, en primera instancia, una asociación histórica, con autonomía, con identidad bien definida.

La asociación de comunidades se les superpone una institución impuesta por el conquistador y reproducida por la República, muy lejos de la real organización de los pueblos primarios.

Los constituyentes del naciente Estado oaxaqueño, a pesar de todo, trataron de entender la lógica comunitaria existente en el territorio, formando lo que ellos llamaron repúblicas. Estas repúblicas fueron aquellas comunidades que no alcanzaban la categoría de municipios. Estas repúblicas nacieron independientes de los municipios. Mucho después el legislador, equivocadamente, desaparece las repúblicas, convirtiéndolas en autoridades auxiliares de los municipios, así nacen las agencias dependiendo de una cabecera.

Sin embargo, en la práctica, las antiguas repúblicas siguieron defendiendo su autonomía e independencia en su organización y vida comunitaria. En antaño, la comunidad fue eficiente como medio para la producción y reproducción de los individuos. Los trabajos comunitarios como el tequio, la gozona, la siembra en común de los terrenos del pueblo y las actividades particulares fueron sustanciales para la vida en común.

Los miembros de las comunidades entendían muy bien la relación que existía entre las comunidades, incluyendo a las cabeceras. El estilo particular del idioma, de la vestimenta, del modo de tocar las bandas comunitarias, de la especificidad de sus danzas y bailables, del cuidado de sus territorios y de sus límites, de aquí los constantes conflictos de límites que se tiene entre las comunidades, definen a las comunidades. Así, las comunidades defendieron y defienden su identidad, incluso, es importante señalar, que en muchas cabeceras la identidad se está diluyendo, en cambio, en sus agencias se vive intensamente la Comunalidad.

Visto así la realidad municipal, como una asociación forzada entre comunidades distintas, en donde las asambleas de cada comunidad son la máxima autoridad y no la autoridad de la comunidad que la hace de cabecera, la lógica ciudadana está fuera de lugar. Sólo en cada una de las comunidades se puede entender esta lógica ciudadana, en su expresión occidental, porque el ciudadano comunitario tiene otra lógica. No es el sujeto que por la simple edad adquiere una serie de derechos, sino por su participación, como lo definimos en renglones anteriores, por sus servicios a la comunidad, por su participación en los tequios, en las necesidades de la escuela, la iglesia, el molino, la capilla, etc.

En este sentido, la universalidad del voto que han requerido las autoridades electorales es un sin sentido para las comunidades, es a simple vista medio, recurso de manipulación de supuestos líderes democratizadores que buscan beneficios privados alentados por supuestos principios democráticos de autoridades electorales que les viste bien tomar este principio.

Las consecuencias de la imposición de un supuesto principio democrático como se pretende entender la universalidad del voto, han sido la destrucción de los ligamentos de la vida comunitaria, se ha destruido la vida comunitaria, se han subsumido a la desgracia a las

comunidades-cabeceras, se han cometido verdaderos crímenes comunitarios sin el debido señalamiento de los culpables, se ha cometido, si se me permite la palabra, comunidadcidio.

Las autoridades electorales están colocando a los bueyes detrás de la carreta. La comunidad está siendo valorada como verdadera alternativa de la sociedad líquida, recordando a la reciente muerte de Bauman. Oaxaca es ejemplo de una intensa vida comunitaria, que pocos gobiernos estatales han entendido, me parece que sólo el gobernador Diódoro Carrasco Altamirano entendió muy bien.

Algunas cabeceras están considerando deshacerse de sus agencias por todo esto, prefieren la conservación de su vida comunitaria que es un legado de sus ancestros, antes que desaparecer en aras de la universalización del voto. Contrario a este principio, la relación entre las comunidades se estableció y se establece por el principio de reciprocidad, es decir, tú me respetas y yo te respeto, vayamos por los acuerdos, recurramos a nuestra historia en común, a nuestros valores y modos de entender las cosas, pero siempre a favor de la comunidad.

La relación entre las comunidades, entre las cabeceras y agencias, debe ser revisada por el legislador, no se puede estar destruyendo los lazos comunitarios de las cabeceras, las necesidades financieras de las comunidades se deben resolver, pero bajo los principios de la Comunalidad o del Buen Vivir.