Mi amigo Apolonio

Hoy vino Apolonio.

Desde San Juan Bautista Tlacoazintepec,  uno de los 570 municipios, enclavado en lo más recóndito de la cañada Oaxaqueña. Alguna vez me contaron que antes, solo se podía acceder en lancha o en avioneta.

Apolonio llegó a la ciudad por motivos de su labor como profesor en su pueblo. Es,  como como muchos en todo el estado, un amigo muy querido.

No todos los días se reciben visitas.  Es una amistad añeja,  que la distancia no erosiona.  Telefoneó sin dudar, con la certeza que un amigo siempre estará ahí.  Sin más. 

No podía menos que invitarlo a casa, que sabe que también es su casa. Caminó tres o cuatro kilómetros del ADO a mi encuentro.  Me enteré cuando él me lo dijo.

Apolonio es de esos amigos que nos mantienen anclados a la tierra.  Cada llamada o cada encuentro deja una enseñanza.