Iniciada la Tercera Guerra Mundial en Europa Oriental, en Chechenia y Ucrania, y en el Medio Oriente, particularmente por el conflicto en Siria, y el triunfo de Donald Trump, es innegable el cambio en la correlación de fuerzas políticas globales.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, operó como ‘mapache electoral’ para consumar el fraude presidencial a favor de Trump. El ex director de la Policía Política Soviética KGB sabe cómo hacerlo. Utilizó un ejército de hackers, piratas del ciberespacio,
Con todos los graves riesgos que implica la guerra estallada por el magnate inmobiliario neoyorquino contra México al obligar a empresas norteamericanas a retirar sus inversiones, la crisis entraña grandes oportunidades de crecimiento para el país.
La solución simple y sencilla, no simplista radica en recuperar las lecciones exitosas de la historia nacional. Indispensable es seguir el ejemplo de visión de estadista del egregio oaxaqueño Porfirio Díaz para buscar el equilibrio geopolítico.
Sabedor de la mala leche de los gobiernos de Estados Unidos, el Soldado de la República, logró la participación de los gobiernos e importantes inversionistas de Francia e Inglaterra en el progreso y desarrollo de México, lo que permitió su modernización.
Al igual que entonces los riesgos de una nueva intervención armada de Estados es una posibilidad real, sin embargo, el mayor desafío es impedir que tropecemos, otra vez, con la misma piedra de la corrupción de los modernos Científicos que dañaron a Díaz. 
En tales condiciones, el Gobierno de México debe buscar una mayor alianza estratégica con China, el gigante asiático que ya se metió en el trasero de Estados Unidos con la construcción del nuevo canal interoceánico en Nicaragua como lo hizo Díaz con Europa.
Ésta es la mayor y mejor opción geopolítica estratégica que tiene México para buscar frenar las agresiones, traducidas en los hechos en una abierta guerra, contra los mexicanos, primeramente, contra los inmigrantes, a pesar que éstos generan la riqueza de Norteamérica. 
Dada su breve, pero destacada participación como Embajador de México en Washington, el diplomático oaxaqueño Carlos Manuel Kay Sada Solana debe jugar nuevamente un papel protagónico con el canciller Luis Videgaray para frenar las agresiones de Estados Unidos.
Y en este sentido, China, el imperio asiático, al lado de las potencias europeas de Alemania, Gran Bretaña y Francia, ya socios comerciales de México, pueden lograr equilibrar la correlación de fuerzas con Estados Unidos y evitar las locuras de Trump.
En un ejercicio de creación de escenarios políticos futuros podemos adelantar: El inminente presidente de Estados Unidos, a partir de esta semana, utilizará todo su poder para imponer a Luis Videgaray Caso como candidato presidencial del PRI en 2018.
La cercanía con Donald Trump, lograda por Luis Videgaray, y que puede convertirse en una total dependencia, es el mayor obstáculo para que México pueda buscar el equilibrio en la correlación de fuerzas políticas globales con China, Alemania, Francia e Inglaterra.
Fue el yerno del entonces candidato presidencial republicano Donald Trump, Jared Kushner quien junto a su esposa Ivanka, coordinó una reunión con Luis Videgaray, quien en ese momento fungía como secretario de Hacienda a espaldas de la canciller Claudia Ruiz Massieu.
El resultado de la reunión de Kushner con Videgaray fue la visita a México del magnate y posterior encuentro entre Trump con el presidente Enrique Peña Nieto en plena campaña presidencial de Estados Unidos, lo que molestó a la candidata demócrata Hillary Clinton.
El objetivo de Kushner fue suavizar la retórica del magnate en relación a nuestro país, e impulsar su imagen como una persona capaz de sostener un diálogo con jefes de Estado.
Después de las amargas experiencias personales vividas con los mexicanos, difícilmente el presidente norteamericano Donald Trump puede confiar en alguien más que el ex secretario de Hacienda, hoy flamante secretario de Relaciones Exteriores, cuya capacidad reconoce.
Al margen de su carga genética de típico WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) «blanco, anglosajón y protestante», Donald Trump odia a los mexicanos porque su ex esposa, Ivana, le puso los “cuernos” con un mexicano, quien supuestamente es padre de su hija Ivanka.
Entendible, jamás justificable su odio, desprecio y sed de venganza contra los mexicanos. Recordemos aquellas célebres declaraciones en las que dijo acerca del problema de la migración: “México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…), Están trayendo drogas, al crimen, a los violadores”.
Como es lógico y natural esas irresponsables declaraciones desataron una ola de protestas, enérgicas condenas y repudio de destacados mexicanos que han triunfado en Estados Unidos en el medio artístico, intelectual y de las comunicaciones.
Pero, además, hay otras razones poderosas por las que el hoy presidente estadunidense Trump aborrece a los mexicanos: sus dos incursiones de negocios inmobiliarios en México han sido un rotundo fracaso. En 2007 puso en marcha Punta Arrecifes Resort en Cozumel.
El primer gran golpe financiero contra Trump afectó una inversión inicial de 350 millones de dólares, para construir un campo de golf, una pista de aterrizaje privada, villas y tres mil habitaciones hoteleras en la costa oriente de Cozumel, Quintana Roo.
El proyecto se detuvo en 2009 cuando los habitantes se inconformaron por el daño ambiental que provocaba la construcción. En 2012 el Gobierno Federal decretó la zona como área natural protegida, por lo cual la construcción fue suspendida definitivamente.
El segundo gran golpe financiero contra el presidente electo de Estados Unidos se dio en 2007 al iniciarse la construcción del Trump Ocean Resort Baja, en Baja California, el cual no se concluyó por problemas financieros. Cien demandantes acusaron a Trump de fraude.

alfredo_daguilar@hotmail.com
director@revista-mujeres.com
@efektoaguila