México necesita a un viejo o a un joven león, y ese papel sólo puede ser jugado después de haber sufrido grandes éxitos y grandes derrotas. Alguien que nos recuerde que ya hubo otros Trump en la historia y que hemos tenido enormes lecciones de momentos así

Como todo está escrito, como todo ha pasado antes y como nuestra historia, la de los seres humanos, con avances y retrocesos pero siempre esclavos de nuestros temores, orgullos, ego e incapacidad; debemos recordar que los pueblos se engrandecen no por los problemas que tienen, sino por la forma en la que los superan.

México necesita a un viejo o a un joven león, y ese papel sólo puede ser jugado después de haber sufrido grandes éxitos y grandes derrotas. Alguien que nos recuerde que ya hubo otros Trump en la historia y que hemos tenido enormes lecciones de momentos así.

México espera a Churchill.

Porque el punto en el que nos encontramos es el mismo en el que estaba el gobierno inglés y el francés en 1938, cuando Hitler prometió que si le entregaban los Sudetes de Checoslovaquia la paz estaría garantizada.

En ese sentido, Winston Churchill nunca dejó de manifestar su oposición a la política de apaciguamiento del primer ministro de Reino Unido, Neville Chamberlain. Y cuando éste regresó de Múnich anunciando que no habría guerra porque había entregado los territorios que pidió el Führer, Churchill le contestó: “Se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra, elegiste la deshonra y también tendrás la guerra”.

Y ahora algo innegable: México ha sido ofendido. Y no tiene que ver con un gobernante, sino con el pueblo que, a pesar de ser ignorado por los palacios de gobierno, por las secretarías o por los partidos, es un ente que sí existe.

Sin duda, hay que hacer la tarea y solucionar los problemas con aquellos que nos ofendieron, pero sin arrodillarnos al estilo inglés. Aunque es importante ser un político moderno y saber que la bandera y el sentimiento ya no es suficiente, también hay que tener la humildad para saber que elegir la deshonra no evita las guerras.

Y es que, estamos frente al desenlace de una relación difícil per se, desde que Dios nos puso tan cerca de EE.UU. Y ahora, en esta crisis el imperio del norte ha elegido que es más fácil hacer culpables a los demás que a sí mismos.

Nosotros somos la explicación de su fracaso y lo que nos están haciendo es un planteamiento basado en el rencor, el odio y la injusticia.

Pero no hay que olvidar que mientras Estados Unidos enfrentaba la Segunda Guerra Mundial, los que cosechaban las lechugas, sembraban las papas y mantenían la agricultura en California eran los mexicanos.

Y no voy a seguir destacando todo lo que hemos hecho los mexicanos en el vecino del norte, es inútil. Lo que sí es importante, es saber que los gobiernos no pueden escoger la deshonra, porque eso no evita las guerras. Y siendo así, entonces, ¿quién será Churchill?