Contra todos los pronósticos, el magnate inmobiliario Donald Trump asume hoy el poder como 45º. Presidente de Estados Unidos. Pero lo hace derrotado por México y por los mexicanos.
Hace 35 años un apuesto joven mexicano, amante de su esposa Ivana y padre de su hija Ivanka, se dio el lujo de poner los “cuernos” y derrotar en la cama al excéntrico multimillonario.
Esta ventaja y fortaleza debe ser capitalizada al máximo por  el pueblo y gobierno de México, especialmente por los mexicanos, quienes ya derrotamos a Trump hace tres décadas.
Jamás perdonará este enorme agravio a los mexicanos. Es el origen de su odio y sed de venganza contra México. Afortunadamente, jamás se recuperará de esta derrota en el alma.
Ello explica porque Donald Trump no tuvo reparo en tildar a los inmigrantes mexicanos de violadores y delincuentes. “No llega la mejor gente, traen drogas y crimen”, sentenció.
No hay que olvidar que un macho, como Donald Trump, es prácticamente imposible que se recupere cuando le ponen los “cuernos” a semejanza, guardadas las debidas proporciones, de lo que ocurre a los políticos derrotados en una contienda electoral. Jamás se repoen de la derrota.
Ésta es la razón principal, también, por la que odia a las mujeres y se los demuestra agrediéndoles soezmente. Le dijo cerda a una dama, perra a una más, y animal asqueroso a otra de las víctimas de su lengua larga y suelta. A pesar de ello las mujeres votaron por él. 
El ex candidato y ahora presidente aplica el lema: “Que hablen bien o mal, pero que hablen”, su estrategia está dando resultado, pues se ha convertido en el protagonista de un espectáculo mediático que acapara titulares en el mundo, no solo en Estados Unidos.
Sin embargo, ya de tiempo atrás su falta de tacto era célebre y de eso puede dar fe una lista de famosas. “Es fea por dentro y por fuera. Ahora entiendo por qué su marido la dejó por otro hombre”, dijo de la reconocida periodista Arianna Huffington en su cuenta de Twitter en 2012. Anteriormente había llamado a la presentadora Rosie O’Donnell “animal”, y en la granja de insultos incluye a “perras” y “cerdas”, entre otras especies, en su criterio “repugnantes”.
Una de sus víctimas más recientes fue la comentarista de la cadena televisiva Fox News, Megyn Kelly, de quien sugirió estaba menstruando a la hora de encararlo durante un debate: “Uno podía ver su sangre salir por todos lados”, expresó. Hijo de inmigrante odia a los inmigrantes.
Si de mujeres llamativas se trata, la mejor ficha del candidato sería su hija Ivanka, quien fue modelo en su adolescencia, se graduó Summa Cum Laude de la Wharton School of Business, alma mater de su padre, de quien heredó la habilidad empresarial.
A sus 34 años, es una de las cabezas de la organización Trump, creó una compañía de accesorios y fragancias que lleva su nombre y el tiempo le ha alcanzado para ser esposa (está casada con Jared Kushner, otro joven magnate del negocio de bienes raíces), mamá y feminista, pues dirige una campaña para empoderar a las mujeres trabajadoras.
Y mientras a su madrastra hay quienes prematuramente la han llamado “la próxima Jackie Kennedy”, a Ivanka la han comparado con la socialité Paris Hilton, algo que la ofende. “Si quisiera ser una chica fiestera no estaría en condiciones de pagar mi estilo de vida”.
Es enfática en que no encaja en el perfil de estrella de la farándula y cuenta que desde niña aprendió que si quería una bicicleta tenía que trabajar para obtenerla.
Ivanka le habría aconsejado a su padre salir con la frase: “Yo valoro a las mujeres, quiero ayudarlas”, para desestimar su prontuario verbal. “Son muchas las que han salido a defenderlo, a aclarar que más bien es un incomprendido, que simplemente es su forma de ser.
Donald Trump es un consumado y contumaz defraudador y evasor de impuestos fiscales, gracias a lo cual ha logrado amasar una cuantiosa fortuna inmobiliaria. Se autollama “El Rey de las deudas”, con más de 3 mil demandas a lo largo de la mayor parte de sus 70 años de vida.
Es un soberbio narcisista, megalómano y ambicioso sin límite, con una autoestima desbordante, un olfato de superdotado y un claro complejo de superioridad que hace sentir a los demás, todo ello compite en la personalidad del nuevo presidente de Estados Unidos de América.
El magnate cumple un sueño perseguido durante décadas: triunfar en la política de la que reniega y sentarse en el sillón más poderoso del mundo en la Casa Oval de la Casa Blanca.
El millonario neoyorquino sólo escucha a su instinto, a su hija Ivanka y a su yerno, el empresario de origen judío Jared Kushner, quien apoyó la gestión de Luis Videgaray Caso para invitarle como candidato a visitar México y reunirse con el presidente Enrique Peña Nieto.
Sin embargo, regido el universo por dualidades y principios binarios en la vida todo tiene sus pros y sus contras. La toma de posesión de Trump debe obligar a México y a los mexicanos a unirnos y cerrar filas por interés y conveniencia personal, familiar y, por supuesto, nacional.
Más allá de la simple retórica dicho está y probado por la historia que las crisis son oportunidades de crecimiento, seguramente dolorosas, pero posibilidades reales de desarrollo.
Ahí está a la vista de todos el sobrado talento de los mexicanos en general y de manera particular de los oaxaqueños. Ahí están, asimismo, los vastos recursos naturales del país.
Es de destacar, especialmente, la gran reserva de recursos naturales y espiritual en los estados del sur-sureste y más específicamente en Oaxaca, sobre todo, en el Istmo de Tehuantepec.
De ahí la trascendencia de la apuesta a las Zonas Económicas Especiales (ZEE), que comprenden ocho estados y que pueden convertirse en el gran detonador del desarrollo.

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