A partir de hoy a las 11:30 horas, cuando Trump descanse su mano sobre la Biblia, sus desplantes y brabuconadas, sus megalomanías, su Twitter y su bullying, si no se guardan, se convertirán en inestable y frágil política de Estado

Tengo la certeza de que en 1933, cuando Adolfo Hitler se apoderó del Reichtag alemán, muy pocos imaginaron el terremoto geopolítico con el que el Führer sacudiría al planeta.

Y no se les puede culpar. Los medios de comunicación eran limitados. Los gloriosos y elocuentes discursos de Hitler en la radio, impregnados con delirios de grandeza, seducían a una nación que buscaba afanosamente un destino manifiesto.

Y aquellas ambiciones desbordadas desataron la Segunda Guerra Mundial, con su infausto holocausto y el comienzo del atardecer de la humanidad en el debut de la bomba nuclear.

Hoy tenemos la sensación de que es uno de esos días. Porque lo que lo que sucederá con la toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos vendrá a sacudir no sólo las entrañas de la poderosa nación, sino al mundo entero.

Con la enorme diferencia de que la sociedad de hoy está más informada, más entretejida, más articulada que nunca para reaccionar y actuar. Hoy lo verán en vivo.

Y ese ingrediente de conectividad instantánea, ese solo ingrediente, puede ser la gloria para un gran líder o el infierno para un aprendiz de brujo que no define otro rumbo que aquel que le marca su megalomanía y su soberbia.

Las expectativas sobre el inicio de la Presidencia de Trump son muy pobres. Presta su juramento con menos apoyo que el que recibió las urnas el 8 de noviembre, en unas elecciones en las que ganó los votos electorales, pero no la mayoría del voto individual de los norteamericanos.

Su toma de posesión es desairada hoy por una cuarentena de legisladores que no sólo no le reconocen su liderazgo, sino que ven en el empresario inmobiliario un peligro para la estabilidad mundial.

Su ascenso al poder viene acompañado de la más grande confrontación global que un mandatario norteamericano haya podido articular, y que va desde su guerra comercial abierta contra México y Canadá, su desprecio por los servicios de inteligencia de su país, sus desplantes políticos con China o Alemania, sus amenazas sobre los musulmanes y su sospechoso acercamiento con Rusia.

A partir de hoy a las 11:30 horas, cuando Trump descanse su mano sobre la Biblia, sus desplantes y brabuconadas, sus megalomanías, su Twitter y su bullying, si no se guardan, se convertirán en inestable y frágil política de Estado.

Si intentan encontrar lo que mejor describe el ánimo de desesperanza, asómense a la parodia del pasado fin de semana en Satuday Night Live.

En ella el actor Alec Baldwin, impersonando a Trump en una conferencia de prensa sentencia: “…en enero 20, yo, Donald J.Trump, me convertiré en el 45 Presidente de los Estados Unidos… y dos meses después, Mike Pence, se convertirá en el 46”.

Esa es la escasa vida que le pronostican algunos de sus compatriotas en el poder, a quien hoy será de facto y de jure su gran líder… ¿O será su antilíder?…  ¡Heil, Trump!