Este fin de semana se realizó una de las movilizaciones más significativas en la historia contemporánea denominada “Women’s march” o la marcha de las mujeres. Más de 2.6 millones de mujeres en 673 ciudades del mundo salieron a las calles para manifestarse a favor de las reformas migratorias de salud para migrantes, protección al medio ambiente, derechos de las llamadas minorías raciales, sexuales, entre otros. Podría interpretarse también como respuesta desde la ciudadanía y de las mujeres como factor de cambio histórico a las acciones y declaraciones discriminatorias y racistas de Donald Trump. Sin embargo, este movimiento es mucho más profundo y tiene que ver con un descontento generalizado en el planeta con estas mentes pequeñas y de muy baja autoestima que reaccionan violentamente y denostando todo lo que no sea igual a ellos.

Este movimiento fue convocado desde el pasado 9 de noviembre, un día después de que se conociera que la mayoría de delegados al colegio electoral en Estados Unidos favorecía a Trump  y se difundió en redes sociales como Facebook, Twitter, YouTube, primero como una iniciativa para protestar el 20 de enero contra Donald Trump en lo que llamaron “One million women march”, la marcha del millón de mujeres. Posteriormente, Linda Sarsour, Directora de la Asociación Árabe-Americana en Nueva York,  Tamika Mallory, activista y ex Directora de la National Action Network,  Carmen Perez, Directora del movimiento The Gathering for Justice,  Bob Bland, diseñador de modas y Vanessa Wruble, cofundadora y Directora de la organización Okayafrica organizaron con mayor detalle el evento que destacaría por los distintivos gorros rosas, pancartas con un multicolor de causas que podrían resumirse en la defensa de los Derechos Humanos de las minorías.

Muchos estudios de las movilizaciones han destacado el papel de la tecnología y especialmente las redes sociales y su poder de convocatoria para las nuevas sociedades globales, incluso sostienen que son un efecto de los propios medios de comunicación. Sin embargo, como establece Charles Tilly en su libro “Los movimientos sociales, 1768-2008: Desde sus orígenes a Facebook”, en una época como la nuestra, donde la tecnología es tan importante, los medios no engendran, por sí mismos, movimientos sociales. Por ello, este movimiento no podría explicarse solo como fenómeno de redes sociales equivalente a un boom mediático, minimizarlo en esta categoría sería minimizar a más de 673 ciudades o pretender callar un eco provocado por más de dos millones de voces femeninas y más de 700 millones que viven en pobreza, desigualdad y discriminación en el mundo.

Este movimiento que nos regala esta energía femenina que desborda al mundo es el reflejo de un mundo que busca más paz y menos violencia, un mundo que espera más igualdad y menos pobreza, un mundo que lucha más por minorías sabiendo que somos mayorías, un mundo más compartido y menos egoísta, un mundo que busca más los espiritual y menos lo material, un mundo de mujeres y hombres pensando y actuando en el futuro de sus hijas e hijos no desde lo tangible sino desde lo intangible. Un mundo lleno de gratitud. Por ello, gracias infinitas a todas ustedes.

* Politólogo del CIDE y Maestro en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de Columbia en Nueva York.