El orden internacional que nace después de la segunda guerra mundial, buscaba que los Estados nacionales tuvieran cierto equilibrio en sus relaciones comerciales y que permitieran que la guerra mundial desapareciera en el horizonte. La creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional tuvo, entre otros, este objetivo. Además que la adopción del patrón oro coadyuvó al orden monetario.

Este orden internacional tuvo sus primeras dificultades cuando los Estados Unidos de Norteamérica emitió demasiados dólares sin su debido respaldo en oro. En la recuperación de Europa invirtieron miles de millones de dólares sin el respaldo correspondiente para esta moneda. Por esa razón, el General Charles de Gaulle exigió que los miles de millones de dólares que tenía Francia en ese momento se respaldaran en oro. El gobierno americano le contesta al presidente francés, con un tono imperativo, “un dólar es un dólar”.

Desde ese momento el dólar se impuso como moneda equivalente para todas las monedas del mundo sin el debido respaldo en oro. Este hecho fue la primera agresión del imperio americano a los países del mundo. Como es lógico suponer, los países no quisieron esos dólares no respaldados en oro los cuales fueron conocidos como eurodólares. El gobierno americano ofreció estos dólares a los pueblos del tercer mundo con bajos intereses, además que podían ser otorgados para gasto corriente y no necesariamente para inversión, lo cual ocasionó el inicio del incremento desmedido de la deuda para estos países lesionando la posibilidad de desarrollo manteniéndolos como países dependientes del imperio norteamericano, entre estos países estuvo, desde luego, México.

Entonces, la segunda agresión del gobierno americano hacia los países pobres fue hacerlos dependientes y subdesarrollados. El bloque soviético ofrecía la alternativa para romper con la dependencia por la vía del desarrollo socialista, varios países lo intentaron, entre ellos Cuba, Chile, Nicaragua. En México lo intentamos por la vía alterna del Nacionalismo Revolucionario, al igual que Brasil con Getulio Vargas, Argentina con Juan Domingo Perón y

Guatemala con Jacobo Arbens, en Venezuela con Hugo Chávez, en Bolivia con Evo Morales, el último intento de una vía alterna lo propuso el Ejército Zapatista de Liberación Nacional de los hermanos indígenas chiapanecos.

Todas estas alternativas de desarrollo independiente fueron frenadas por el imperio americano sin miramiento alguno. Así tenemos la tercera agresión del imperio, abortar toda posibilidad de desarrollo independiente de los países latinoamericanos, condenarnos a la dependencia del centro económico.

La recuperación de Alemania, Japón, Inglaterra, la presencia de Rusia, China y de los países asiáticos, planteó la necesidad de los mercados comunes para buscar relaciones comerciales en términos de interdependencia. La competencia por los mercados inicia el fenómeno de la globalización que significa la interdependencia mundial entre los Estados nacionales, incluso, en este periodo surgen y se reconocen nuevos Estados.

Esta globalización, se quiera o no, arrastra a todos los países y hace surgir los acomodos de las poblaciones, sobre todo en los centros hegemónicos, beneficiando a millones de seres humanos que en sus Estados no hubiesen tenido las mismas oportunidades para vivir. La tercera y la cuarta ola democratizadora mundiales liberan a millones de ciudadanos de los centros periféricos los cuales tienen la posibilidad de la emigración. La cuarta agresión del imperio radica en la construcción del muro para detener el flujo de emigrantes que buscan mejores condiciones de vida.

Ahora Donald Trump es el emisario para señalarnos el fin de una época y del inicio de otra sin la certidumbre en donde acabará la humanidad. Es el profeta que señala el fin del libre mercado mundial, de la apertura, de la extinción de los Estados, del desvanecimiento de los nacionalismos; asimismo anuncia del reinicio y del inicio del proteccionismo, del desarrollo de los mercados internos, del fortalecimiento de los Estados Nacionales, de los gobiernos fuertes y de la llegada de los iluminados, de los profetas y de sus apóstoles. La quinta agresión del imperio es prohibir a los Estados nacionales abrevarse de los beneficios de la mundialización del comercio.

Ahora los Estados deberán de voltear hacia adentro o hacia los lados, encontrar un compañero de viaje o de varios compañeros que quieran

compartir los escasos desarrollos logrados hasta el momento. El desarrollo de los mercados internos y de nuevas formas de producción, más ligado a la naturaleza comunitaria se ofrece como alternativas. El sector externo de la economía tendrá que ser altamente competitiva lo que planteará la instrumentación de grandes cambios en lo político, económico, social, ideológico, en lo educativo y tecnológico.

Lo más peligroso del caso, de este nuevo orden internacional basado en los Estados y en mercados protegidos, es la posibilidad de la guerra mundial. La lucha por los mercados a través del Estado y no de la empresa, se hace acompañar, regularmente por las armas y no por el marketing. La primera y la segunda guerra mundial así lo enseñan, parece una experiencia probada.

Si a este esquema de los nuevos regímenes políticos le es consustancial la dirección de iluminados y de profetas del desastre, la posibilidad de la confrontación mundial se puede hacer realidad. Así tenemos la sexta agresión del imperio es el anuncio de la posibilidad de la guerra mundial, Trump agorero del desastre.

El espíritu libertario que ya campeaba en el mundo hoy se ve amenazado por la vuelta de los conservadores, por los amantes de la seguridad antes que de la libertad, por los promotores de las jerarquías sociales antes que de la igualdad. “Los conservadores han resurgido, después de ciento cincuenta años de humildad autoimpuesta, para proponer como sustituto ideológico el interés particular y despreocupado, enmascarado por misticismos y afirmaciones piadosas. En realidad no funciona. Los conservadores tienden a ser presumidos cuando dominan y profundamente coléricos y vengativos cuando se ven denunciados o incluso sólo seriamente amenazados”( Wallerstein, Immanuel. Después del Liberalismo. Edit. Siglo XXI, México, 1999, p, 9).

Habría que diferenciar entre las actitudes del gobierno americano con la naturaleza democrática del pueblo americano, pueblo multicultural, pueblo que asimila a todas las culturas del mundo, en donde la mexicana y en especial la oaxaqueña tienen gran aprecio. No dudamos que el gobierno oaxaqueño encabezado por Alejandro Murat ya ha previsto lo necesario para apoyar a nuestros hermanos en estos momentos de una nueva agresión del

imperio americano y si no, es tiempo de instrumentar políticas públicas para reintegrar, en su caso, a una nueva vida productiva a los posibles oaxaqueños repatriados, que son dese luego, personas altamente capacitadas para el trabajo.