Quizás solo están esperando a que los desertores sean los suficientes, sin lugar a dudas, e incluso sobrados, para evitar que a última hora aquello termine en una intentona fallida

La pregunta en los altos círculos políticos norteamericanos ya no es si va a darse el impeachment o juicio político sobre el debutante presidente Donald Trump.

El cuestionamiento es ¿cuándo? En las próximas semanas, en los próximos meses o antes de que cumpla su primer año. El organismo Free Speech For People ya tomó la bandera y no la soltará.

Trump se está ganando a pulso, decreto a decreto, su salida súbita de la silla más poderosa del planeta. Sus irracionales medidas, sus absurdas declaraciones, sus caprichosos golpes de timón, dan material suficiente para proponer que deje de la Casa Blanca.

No haremos ya el largo recuento de pifias, solo nos centraremos en las últimas dos, dignas de un dictador.

La primera, el cese súbito que hizo de la procuradora general, Sally Yates, porque la dama tuvo la osadía de cuestionarle la legalidad del veto a la entrada de musulmanes de siete países.

El hecho vino a demostrar lo que todos intuimos, pero ahora confirmamos: que Trump está gobernando de manera personal, sin consultar a sus expertos, a su gabinete. Acaso a Steve Bannon y a Jared Kushner, y nada más.

Si la mujer que con sobrados méritos fue elegida por él para ocupar el asiento judicial más importante de los Estados Unidos cuestiona la medida, lo menos que debió hacer es escucharla.

Si no tuvo la gentileza de correrle la cortesía de consultarla,  antes de emitir el cuestionado decreto, lo menos que merecía era ser escuchada cuando dice que aquello podría no ser legal.

Pero no, a Trump se le venera, se le idolatra, no se le cuestiona, se le regala un “sí, señor” en cada decisión que tome, buena o mala. Si no lo haces, eres hombre o mujer muerta dentro de su dream team.

Ni qué decir del otro caso que ya provoca petición de impeachment y que tiene que ver con la curiosa forma en la que seleccionó los siete países a cuyos ciudadanos, con visa de turista, de residente o de trabajo, les vetó el ingreso a los Estados Unidos.

Por que en la lista que incluye a Somalia, Yemen…. no incluyó ni a Egipto, ni a Arabia Saudita ni a los Emiratos Árabes. ¿Por que ahí están asentados los intereses de la corporación Trump?

Si así es y acaba por comprobarse, el caso está hecho para inculpar al irascible Presidente de no evitar un conflicto de interés y de beneficiar los intereses de naciones en donde tiene inversiones, a las que le busca sacarle el mayor provecho.

Algunos dirán que Trump tiene con los legisladores republicanos la mayoría que le garantiza un freno a la petición de juicio político y, si fuera así, es cierto.

Pero poco a poco se van sumando más y más republicanos a las filas de quienes, aún siendo de su partido, ya le desertaron en los primeros 10 días de su muy dictatorial mandato y están más que dispuestos a votar por el impeachment.

Quizás solo están esperando a que los desertores sean los suficientes, sin lugar a dudas, e incluso sobrados, para evitar que a última hora aquello termine en una intentona fallida.