La pistola que el Presidente de EU tiene puesta sobre la mesa de negociaciones con México se llama corrupción. A los más altos niveles del gobierno mexicano

 

Para que una negociación sea justa, hay algo indispensable: que quienes negocian estén en condiciones de piso parejo para que no exista desequilibrio en el resultado.

Y eso obliga a una pregunta: ¿Puede Enrique Peña Nieto sentarse a una mesa pareja de negociación con Donald Trump?

Veamos desde otro ángulo. ¿Si el déficit comercial de EU con China es de 360 mil millones de dólares, cuatro veces mayor que el de México, por qué no existe una guerra de Trump para meter en cintura a los chinos?

La respuesta es muy simple: porque China tiene 800 mil millones de dólares de papeles del Tesoro norteamericano que le impiden al dictador del tuit levantarles la voz y llamarlos a cuentas.

Si ese mismo análisis lo hacemos con México, encontraremos que Trump nos tiene agarrados del cuello, para no hablar de zonas más blandas de nuestra biología.

La pistola que el Presidente de EU tiene puesta sobre la mesa de negociaciones con México se llama corrupción. A los más altos niveles del gobierno mexicano.

La furia de Trump obedece a que sus negocios en nuestro país fueron frustrados o por coyotes de la burocracia que pedían su tajada, o por jueces que le demandaban arreglos en lo oscurito.

Pero las balas de la pistola con la que Trump le apunta a México y a Peña Nieto no son esas. Son de otro calibre, más poderosas y sofisticadas. Les exhibimos aquí tres.

Calibre Odebrecht.- El escándalo de los 788 millones de dólares en sobornos repartidos por la constructora brasileña en una docena de países incluye a México.

Pero a diferencia de Brasil, Perú, Panamá, Venezuela o Colombia, donde ya hay decenas de políticos tras las rejas, en México ninguno de los altos burócratas que recibieron por lo menos 10 millones de dólares en sobornos está en prisión.

Los expedientes, nutridos por confesiones de 80 directivos y ejecutivos de Oderbrecht, y que apuntan a los más altos niveles de Pemex durante la dirección de Emilio Lozoya, ya están en manos de la justicia norteamericana.

Y en cualquier momento le podrían madrugar en sus indagatorias a la Secretaría de la Función Pública.

Calibre Dragón.- La detención de Luis Carlos Castillo, “El Dragón”, destapó en Texas un descomunal expediente de corrupción.

Dineros de obra pública ejecutada en seis estados mexicanos produjeron ganancias por decenas de millones de pesos para un número igual de gobernadores.

Pero quizás los mayores beneficios del esquema corruptor fueron para campañas políticas –priistas y panistas– sobre todo para alguna campaña presidencial.

Calibre Mono.- El empresario coahuilense Juan Manuel “El Mono” Muñoz fue detenido en 2016 en Madrid acusado de blanqueo de capitales y de narcotráfico. Lo acusaban de ordeñar ductos.

Los Estados Unidos demandaron su extradición porque lo consideran operador financiero de los Zetas en Europa.

Pero en medio de sus confesiones, aparecieron grandes nombres ligados con la política que pondrían contra la pared a muchos.

“El Mono” ya pactó y las secuelas de sus denuncias alcanzan hoy los altos mandos de Pemex y del gobierno federal.

Por eso cuestionamos si con tres balas de ese calibre existe la posibilidad de una negociación pareja entre Trump y Peña Nieto. ¿Ahora lo entendemos mejor?