Era claro que el presidente buscaba marcar distancia del gobernador anfitrión, quizás porque sabía que en unos días aprehendería a su amigo, el exgobernador priista. ¿O era parte de la charada?

El gobernador independiente de Nuevo León acusó a la Federación –así, a secas y en general– de meter mano en el proceso judicial que se libra contra su antecesor, el priista Rodrigo Medina.

Jaime Rodríguez Calderón fue muy claro al acusar al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto de operar el sistema para impedir que el exgobernador pise la cárcel en forma definitiva.

A quien lo quiere escuchar, “El Bronco” dice que los procesos contra los exgobernadores de Sonora y Nuevo León son disparejos.

A la gobernadora Claudia Pavlovich, de Sonora, la ayudan porque es priista y va contra un exgobernador panista; a mí, que soy gobernador independiente, me bloquean porque voy contra un exgobernador priista.

Pero más allá de las percepciones, existen algunos elementos que podrían presumir acciones de apoyo de las altas esferas políticas y de justicia para que Medina pueda evadir la acción de la justicia.

Quienes analizan de cerca el proceso, dicen que la supuesta violación al amparo es inexistente, puesto que la protección legal era para impedir que compareciera, pero que una vez compareciendo el acusado, las condiciones cambian, el amparo queda ya sin efecto y puede dictarse la prisión preventiva.

Los juristas hacen notar también que ante el encarcelamiento preventivo del exgobernador, sus defensores fueron de inmediato a la Procuraduría General de la República, donde fueron atendidos durante más de tres horas para revisar la condición legal de su defendido.

Coincidencia o no, la resultante fue que la juez que conocía del caso dictaminó la liberación inmediata del exgobernador priista, quien apenas completó 20 horas en el penal del Topo Chico.

Por eso, “El Bronco” y sus asesores legales gritan foul. Porque sienten que la cercanía de Medina con el presidente está entorpeciendo la impartición de la justicia.

Y para muestra dicen que basta ver los videos de la visita de Peña Nieto a Monterrey en los días de la tragedia del Colegio Americano del Noreste, para ver cómo el gobernador de Nuevo León fue desairado y jamás se pudo verse al lado del presidente.

Era claro que el presidente buscaba marcar distancia del gobernador anfitrión, quizás porque sabía que en unos días aprehendería a su amigo, el exgobernador priista. ¿O era parte de la charada?

Más aún, el domingo inmediato a la detención, Medina jugó golf con el presidente, con el secretario de Desarrollo Social, Luis Miranda, con el líder priista en el Senado, Emilio Gamboa y con el empresario mexiquense José Miguel.

Por eso las especulaciones sobre la facilidad con la que el exgobernador pudo evadir a la justicia crecen y se profundizan.

Porque para la gran mayoría estamos frente a un juego arreglado entre el gobierno federal y el gobierno de Nuevo León.

Todos ganan con una detención a modo, de entrada por salida, con fotografía de la ficha de por medio. Eso es lo que piensa el 86 por ciento de los nuevoleoneses.

Para otros, estaríamos ante un manejo poco cuidadoso de los expedientes y de las instancias lo que permite que no se pueda sostener la causa y la bien preparada defensa mantenga al exgobernador en prisión.

Pero nadie descarta, como se ven los hechos y como denuncia “El Bronco”, que la Federación esté operando para favorecer al compañero de golf del inquilino de Los Pinos.