Ahora la doctrina cambió y los ejércitos estadounidenses han comprendido que defender a su país sólo a base de fuerza, armas y millones y millones de dólares no garantiza un buen resultado final

Estados Unidos es un imperio que ha respondido en muchas ocasiones con violencia para defender sus intereses y sus creencias morales más profundas. Sin embargo, también es el imperio que ha perdido múltiples batallas a un precio muy caro.

Por ejemplo, en la intervención de Afganistán fue un billón de dólares lo que se invirtió en una guerra perdida con más de 2 mil soldados estadounidenses fallecidos y más de 100 mil afganos civiles y militares muertos.

En ese sentido, fueron muchos los recursos desperdiciados, primero en la Operación Ciclón (1978-1992), el programa de la CIA para entrenar a los muyahidines en contra del Ejército Rojo a fin de desestabilizar la intervención soviética en Afganistán. Y, después, contra los extremistas que hicieron de Kabul y de la orografía afgana el reino perdido de Osama bin Laden.

Ahora la doctrina cambió y los ejércitos estadounidenses han comprendido que defender a su país sólo a base de fuerza, armas y millones y millones de dólares no garantiza un buen resultado final.

Pero en medio de todo eso la nueva administración ha dado el salto cualitativo más importante de la historia moderna: ha roto el contrato de los Estados Unidos de América. Me explicaré, el monopolio del dólar, el oligopolio financiero y la condición de primera potencia mundial estaban basados en el respeto a normas tan elementales como el libre comercio y la vigencia de la residencia, las visas y el permiso para trabajar en territorio norteamericano.

Y es que, ni Franklin Delano Roosevelt después del 7 de diciembre de 1941 cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor matando a más de 3 mil estadounidenses, hizo una orden ejecutiva para los japoneses que vivían en EE.UU. tan cruel y tan rupturista con la ley, como el decreto de inmigración -de momento bloqueado- del presidente Trump.

El mundo empieza a tomar nota de que el imperio del norte no está cumpliendo con sus compromisos bilaterales, ni multilaterales, y en consecuencia se abre una era en la que Europa a través de la OTAN o la Alianza del Pacífico podrían buscar con China frenar la ambición controladora de Estados Unidos. Dejando de manifiesto que esa ruptura le permite al resto de los países actos que puedan ser contra natura.

Y entre todo esto sólo habría un perdedor, aquel que se acuesta y se levanta diciendo que “América primero” y que hagamos a “América grande otra vez”, pero poniendo en peligro la grandeza de su país que radica en su confiabilidad institucional y en su respeto a la legalidad.

Finalmente, no hay que olvidar que los imperios empiezan a desaparecer el día que no respetan sus propias leyes y el día que se les hace fácil incumplir los compromisos que asumieron con otros.