Ciudad de México. El canto independiente de David Aguilar se hará oír este jueves 9 de febrero, a las 21:00 horas, en el Lunario del Auditorio Nacional, donde interpretará las composiciones de su último disco (El David Aguilar) y algunas del que será su nuevo cd, cuyo primer sencillo es Aves de agua.

En junio cantará en el Festival Machaca y ya para ese mes promoverá su nuevo material sonoro, donde destaca la colaboración en un tema de Natalia Lafourcade y en otro de Caloncho. Además, juntos hicieron otra canción para el álbum que Natalia sacará en marzo.

En su carrera, iniciada en 2003, David ha compartido escenario con artistas como Jorge Drexler y Kevin Johansen.

En su obra se advierte la influencia de la música popular mexicana, canto latinoamericano, canción brasileña, canción española y rock-pop-folk de los sesenta a los noventa, así como cantautores de la década del 2000.

En el extranjero se ha presentado en España, Francia, Cuba, Estados Unidos, Argentina y Uruguay. En Noviembre de 2010, ganó la Beca Nacional de composición María Grever y ese mismo año se editó el disco titulado Eco (Música de David Aguilar), producido e ideado por el contrabajista mexicano Aarón Cruz junto con Hernán Hecht y Mark Aanderud, en el cual interpretan en formato de jazz-trío 10 temas del cantautor.

Es también el compositor del himno de los movimientos ciclistas en México, titulado La cumbia de la bicicleta, que es utilizado también en países como en España y Colombia para promocionar el uso de la bicicleta en las grandes ciudades.

A mediados de 2014, emprendió una gira nacional por más de 30 ciudades de México presentando su nuevo álbum, El David Aguilar, realizando la filmación de un documental sobre los vínculos interdisciplinarios en el arte.

Su nuevo disco, precisó, es multitemático: “Hay una canción dedicada a la Ciudad de México; otra más personal, para mi abuelo; Canción del poderoso, más visceral; Aves de agua, cuyo centro son los besos; una se llama Meoritos, que tiene que ver con el amor, la ciencia, la astronomía; una más sobre el baile.”

Luego de que Bob Dylan ganó el Nobel de Literatura, miles de cantautores ven reconocido su trabajo, casi siempre considerado modesto y hasta prescindible, salvo los casos de los talentosos Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina y otras voces de otras nacionalidades.

“Hace unos años se le dio el Príncipe de Asturias a Leonard Cohen, que es un premio literario de importancia. El Nobel ahora se le otorgó a Dylan, otro cantautor de lengua inglesa, a un escritor de canciones. Hay controversia, pero creo que es muy positivo para la canción.

“Ya es hora de que se valore la letra de una canción como un género en sí. Es injusto calificar a la letra de una canción con los parámetros de un poema. Son diferentes. El Nobel a Dylan es positivo porque reconoce el arte de escribir canciones, y durante varias décadas.

“Sí, por un lado están los españoles, como Serrat, Sabina o Aute, pero también son referente los brasileños, como Chico Buarke, Caetano Veloso, y están los argentinos, desde antes Alfredo Zitarrosa. Creo que acabarán por crear un premio para la canción. El Nobel es simbólico, pero no veo que le vayan a dar a corto plazo otro a un cantautor.”

Reconoció que el medio de los cantautores está muy competido: “Yo lo que pienso es que la música termina por abrirse paso, aunque la industria registra aspectos como el nepotismo, la corrupción, el favoritismo. Siempre ha pasado. También hay gente con mucho talento, pero para posicionar la música hay que tener una visión empresarial. Hay que tener una oficina para entrar en la dinámica. Tengo muchos amigos que no han podido entrar en un modelo de empresa. Esto es, hay que hacer cosas que no tienen que ver con lo que es hacer una canción, como hacer relaciones públicas, tratar con ciertas personas, medir tiempos, ser conciliador, las tocadas. Ahora lo veo claro. A veces un tercero se esfuerza para que la obra de alguien tenga cabida, pero no es fácil que ocurra.”

Con todo lo anterior, dijo que lo bonito de su oficio es que puede escribir las canciones que quiera a su manera, “sin ninguna traba.”

La Jornada