1).- Historia: Testistemporum, lux veritatis

En el capítulo XLII de “El Quijote”, Cervantes dice a Sancho: “… que los oficios y grandes cargos no son otra cosa que golfos profundos de confusiones”. Y es que gobernar sin conocer la historia es una aberración. El propio Maquiavelo reconoció que la verdadera maestra de la política es la historia. “Porque en ella está presente la experiencia de los gobiernos pasados y la prudencia o el poco juicio de los que fueron”. En su famoso Inventario, publicado en Proceso hace algunos años, el desaparecido José Emilio Pacheco (JEP), recordaba cierta anécdota: Un cercano le preguntó a D. Eisenhower, por qué en pleno fragor de la II Guerra Mundial, leía una verdadera antigualla: Los doce césares, de Suetonio. La respuesta fue demoledora: porque la historia de Roma dos mil años atrás, podía darle luz para el desenlace bélico que tantas muertes había generado la guerra en el mundo. Así, político que desconoce su propia historia, es un invidente dando de palos. No puede atisbar un horizonte, cuando existe sobre lo propio una supina ignorancia. Ergo: ceder a todo lo que pide la S-22, es hacerse el harakiri político.

Los medios, en su papel de intermediarios entre el poder público y la sociedad, juegan un papel importante. Sin embargo, la conexión entre los mensajes políticos y la toma de decisiones política no es directa. La mente la procesa a partir de los estímulos recibidos en el entorno de los medios de comunicación. Para la construcción del poder es importante discernir “cómo se presenta la información en los medios de comunicación y cómo la gente la selecciona e interpreta”, dice M. Castells. (Comunicación y poder, Alianza Editorial, Madrid, 2009, p. 215). Empero, el espejismo mediático es un mal que atormenta a nuestra casta política. Si se soslayan los espacios locales, ¿cómo lograr auditorios o lectores mayores, en un entorno nacional, a quienes poco les importa lo que ocurra o no en Oaxaca? ¿Cómo soslayar la escandalosa corrupción del pasado; los aseguramientos de medicamentos caducos; las recientes ejecuciones en los municipios conurbados y en la misma capital o los acontecimientos de Puerto Escondido del viernes 10 de febrero, en los que sin duda habrá impunidad para los ediles involucrados? Se podrán maquillar mediáticamente, pero en la conciencia colectiva sigue viva la exigencia ciudadana de que la gobernanza está por los suelos. Por tanto, hay que restituir el principio de autoridad y el Estado de Derecho.

2).- Manipular o torcer la realidad

Sobre Oaxaca hay demasiados prejuicios; esquemas preconcebidos. Desde 2006 hasta el pasado gobierno fuimos la mala nota; la sensacionalista nota nacional. Se percibía una escalada mediática y publicidad negativa, que impactó severamente en varios rubros: desaliento a las inversiones, la caída de la afluencia turística, etc. Nos han ubicado como un pueblo sin ley; una tierra de nadie; el salvajismo en taparrabos. El magisterio, los remanentes de la APPO, el Frente Popular Revolucionario (FPR), el transporte concesionado y algunas organizaciones sociales han dado al traste con nuestra imagen. Lamentablemente, en los hechos se constata que los moldes del pasado siguen tal cual. Ingobernabilidad, anarquía e impunidad. Respeto a los derechos humanos de minorías, grupos o facciones, por encima de las garantías individuales de más de cuatro millones de oaxaqueños.

Más allá de la inmediatez de las redes sociales, los medios locales llevamos un puntual seguimiento: lo vivimos y palpamos a diario. Se destacó el encuentro entre el gobierno estatal y la dirigencia de la Sección 22, pero no las caras largas al escuchar el “¡Venceremos!”. Aquí lo vimos; “la prensa nacional” en apariencia no. Reiteramos nuestra incredulidad respecto a un cambio de paradigma mediático. Como si de milagro Oaxaca fuera un remanso de paz y estabilidad política y social. Nada cambiará nuestra historia, más que un gobierno -así sin nombres- sensible a su realidad inmediata; con los pies en la tierra y la corresponsabilidad de una sociedad demandante. No hay duda que se camina en ese sentido; que es demasiado prematuro emitir juicios.

Humanistas españoles de los siglos XVI y XVII, que marcaron su distancia de las propuestas del poder absoluto que dejaron Maquiavelo o Hobbes, lo dijeron así: “Conociendo bien los dos tiempos, pasado y presente, conocerá también el gobernante el futuro, porque ninguna cosa nueva hay debajo del sol, lo que es fue y lo que fue, será. Múdanse las personas no las cenas, siempre son unas las costumbres y los estilos”. (Quevedo, et al, El arte de gobernar, Anthropos/UAM-Cuajimalpa, Barcelona, 200, p. LXIII)

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

— Qué son hoy los usos y costumbres electorales, no más que una farsa, de cuyo desenlace, unos están de acuerdo; otros no. Una asamblea comunitaria que a nadie deja satisfecho. El IEEPCO valida; el TEEO descalifica; los partidos políticos, organizaciones sociales y sus personeros moviendo las aguas. Y en este desmadre surge mal parido el chantaje, que sigue golpeando a la sociedad inerme con bloqueos, amenazas y cierre de vialidades.

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