El debate sobre si debemos o no festejar el 14 de febrero es infinito. Existen miles de personas a favor y muchas más en contra. Frases como: “el día del amor y la amistad debe ser siempre” y “es una fecha que solo promueve el consumismo” funcionan como el argumento perfecto para no celebrar este día que hoy tiene como finalidad única recordarnos lo mucho que nos queremos.

Aunque históricamente el Día de San Valentín incluía algunos rituales no tan románticos, actualmente la idea de festejarlo incluye un montón de cosas un tanto cursis y que honestamente no me parecen tan descabelladas y les voy a decir por qué.

La rutina y el constante movimiento de la ciudad, de mano de nuestros problemas y preocupaciones, nos han hecho olvidar por completo a ser humanos, nos hemos alienado y como consecuencia hemos olvidado decirle a la gente importante en nuestras vidas lo mucho que significan y representan en nuestro día a día.

A la gente le vibra más el teléfono que el corazón.
Vamos a ser sinceros: ¿cuándo fue la última vez que estuvieron con alguien sin estar? Les puedo contestar sin temor a equivocarme que hace menos de 20 minutos gracias su teléfono. El mundo digital con su ir y venir de información nos ha hecho esclavos de nuestros gadgets y nos hemos permitido tener una mejor relación con ellos que con las personas que están alrededor nuestro.

Hace poco hablaba con una buena amiga sobre el tema, platicamos sobre esas parejas que no se voltean a ver cuando van a comer a un restaurante más que para preguntar “¿Cuánto fue?” Y es que, si se dan cuenta, últimamente a la gente le vibra más el teléfono que el corazón precisamente de ahí salió la idea de escribir sobre el mejor regalo para este 14 de febrero. Hemos olvidado a relacionarnos, parar ese torbellino que llamamos rutina y darnos tiempo con nosotros y nuestros seres queridos como debe de ser, con intención.

Parar un día al año y forzosamente hacernos conscientes de lo que tenemos y lo valoremos no me parece tan mala idea.
Quiero dejar claro que no estoy proponiendo salir a regalar flores, chocolates, ositos de peluche o algún detalle absurdo que en su vida van a repetir, porque no falta el que me tache de consumista y para nada es la idea. Me refiero a decir: “te quiero”, “gracias”, “estoy aquí si me necesitas” a estar y valorar a quienes queremos, a quienes hemos olvidado pero que igualmente son importantes y también, por qué no, a nosotros mismos.

Sí, el 14 de febrero debería ser diario pero no lo es. Es por esto que parar un día al año y forzosamente hacernos conscientes de lo que tenemos y lo valoremos no me parece tan mala idea. Estamos en un momento en el que el mundo está listo para construir muros, en el que nos quieren dividir y por ende las noticias están llenas de historias aterradoras. Entonces, ¿por qué no parar y regalarnos un día para recordarnos por qué nos somos importantes?

No está mal celebrarlo y tener un día en el que nos permitamos ser cursis de pensamiento, bien dicen que “una vez año no hace daño”. Igual y les termina gustando, y entonces si van a tener un 14 de febrero todos los días del año, algo que este mundo necesita.

The Huffington Post México./ Lorena Marín y Kall Periodista, escritora, locutora