Y luego se preguntan por qué estamos como estamos. El presidente del PAN mostrando su fuerza política dialogando con quien todo el mundo desearía sentarse, mientras que el secretario de Educación exhibe como proeza la llegada de un perro labrador a casa

Una imagen impactó ayer al mundo político de México. Ricardo Anaya, el presidente del PAN, dialogando en Alemania con la primera ministra Angela Merkel.

El acto no es para nada protocolario, ni de comitiva, mucho menos un truco de relaciones públicas. Se trata del dirigente nacional albiazul sentado a la mesa con quien es de facto la mujer más poderosa del mundo.

No era tampoco un acto de afinidades partidistas, porque en ese caso el presidente del PAN se reunirían con su homólogo y sería suficiente. No. Era un encuentro personalísimo con la mujer que define los lineamientos políticos y económicos en la Zona Euro.

Y esa imagen adquiere otra dimensión si se analiza en el contexto de la confrontación que viene sosteniendo el presidente norteamericano Donald Trump con el mandatario mexicano Enrique Peña Nieto.

El mensaje no puede ser más claro. Lo que el gobierno en funciones, con el canciller Luis Videgaray al frente, no se atreve todavía es a desafiar al narcisista maligno sosteniendo encuentros cercanos con mandatarios de poderosas naciones que le compiten.

Para estas fechas deberían estar impresas imágenes de los más influyentes peñistas dialogando lo mismo con los presidentes de China, Brasil, Inglaterra, Alemania,  Japón,  Singapur e India, por citar algunos, para dejarle claro a Trump que, ante la amenaza de cancelar el TLC, no estamos cruzados de brazos.

Pero en contraparte se mantiene la agonizante espera para ver cuándo se le da el temperamento al nuevo inquilino de la Casa Blanca citar -y que se lo acepte- el otro inquilino, el de la otra Casa Blanca.

Pero al mismo tiempo que aparecía la imagen de Ricardo Anaya dialogando con Angela Merkel, en otros diarios aparecía otra imagen no menos impactante, pero de un priista.

Era una fotografía del secretario de Educación, Aurelio Nuño, quien también presumía su poderoso encuentro, pero ese no era con algún dignatario. Bueno, ni siquiera con algún líder del SNTE o de la CNTE.

El precandidato presidencial priista lucía una amplia sonrisa porque acababa de recibir  en su casa, nada más y nada menos que a “Pepe”.

¿Qué quien es “Pepe”? No, no es un pequeño estudiante con aptitudes excepcionales, ni tampoco alguien que le va a enseñar no a “ler” sino a “leer”.

“Pepe” es un perro labrador retirado de la Policía Federal que el secretario de Educación adoptó. Y el suceso era de tal magnitud que debía ser promovido en las primeras páginas de distintos diarios y redes sociales.

En pocas palabras, uno de los precandidatos punteros del PRI a la Presidencia, exhibiendo como gran logro que tiene mascota nueva en casa. Y en primera plana.

Y luego se preguntan por qué estamos como estamos. El presidente del PAN mostrando su fuerza política dialogando con quien todo el mundo desearía sentarse, mientras que el secretario de Educación exhibe como proeza la llegada de un perro labrador a casa.

Hay que mandar la imagen de Aurelio Nuño con “Pepe” a la prensa norteamericana, para que nuestros vecinos no se quejen de que tienen en Betsy DeVos a una frívola. ¿No lo creen?