El problema de la era Trump es que todo es muy grave y muy rápido. Por lo tanto el país nunca estará listo para resolver tantas destituciones potenciales o acciones que puedan salvaguardar la esencia del espíritu republicano.

¿En qué momento la historia comienza a explotar?

Porque la historia es como la vida, nunca se sabe cuándo estallará. Pero lo que sí es claro es que hay circunstancias y fechas que te permiten saber que tarde o temprano terminarán nutriendo la historia.

Cuando uno observa por un lado el Twitter de Trump arremetiendo contra la cadena Nordstrom por dejar fuera la marca de ropa de su hija y, por el otro, la tierna imagen entre el paternal Presidente de los Estados Unidos acompañado del primer ministro de Canadá, JustinTrudeau, con Ivanka sentada en la silla del poder; uno comprende que el Juego de Tronos es una serie de televisión y no puede ser una ofensa colectiva a la memoria de la historia de un país.

Y es que, en ese mismo lugar, desde 1800 con el presidente John Adams, los mandatarios de EE. UU. han ejercido el poder desde la Casa Blanca en ese Despacho Oval que forma parte de una simbología similar a la de los palacios de los césares en el Monte Palatino.

Puesto que las locuras de los Trump de aquella época en la que Augusto encontró una Roma de cañas y barro y la sustituyó por mármol después del asesinato de Julio César, para que Nerón terminara por prenderle fuego y después volverla a reconstruir.

¿Es grave que un padre quiera sentar a su hija durante un segundo en la silla presidencial? Tal vez no, tal vez a todos los padres nos gustaría hacerlo. Lo grave es implicar en ese momento a un tercero, tomar una fotografía y luego subirla a las redes y creer que no pasará nada.

El problema de la era Trump es que todo es muy grave y muy rápido. Por lo tanto el país nunca estará listo para resolver tantas destituciones potenciales o acciones que puedan salvaguardar la esencia del espíritu republicano. Mientras tanto, ¿los demás qué haremos? Tal vez esperar a que ellos inicien su cuenta regresiva y comiencen a mostrarle a Donald Trump la enorme deuda que tiene.

Ya que bastaría su Twitter y la intromisión que ha tenido en las relaciones comerciales entre privados para llevarlo frente a un tribunal y comenzar su proceso de destitución. ¿Por qué no lo hacen?

Porque es muy pronto y porque además ya se empieza a separar la paja, donde ya no sirven las declaraciones de admiración hacia Putin al recordar aquella entrevista en la que el periodista Bill O’Reilly le aseguró a Trump que “Putin es un asesino” y el magnate sólo atinó a contestar: “Nosotros también tenemos muchos asesinos”.

Y ahora dentro del corpus de Washington empieza a cuajar la idea de que los días para la historia pasan por una enorme confabulación articulada por la verdadera mente maestra de esta situación, es decir, el jugador de ajedrez Vladimir Putin.