“Ante la adversidad hay que aplicar estratagemas de fondo, más no acciones endebles” Manolo

Estudios del INEGI señalan que del total de trabajadores mexicanos con bajos ingresos, 3.4 millones no recibió ingresos por su actividad, 7.4 millones ganaban hasta un salario mínimo, y 13.6 millones perciben más de uno y hasta dos salarios mínimos, lo que significa que 24 millones de mexicanos por trabajar más de 160 horas reciben al mes lo que un obrero mal pagado en Estados Unidos percibe por menos de 30 horas de trabajo.

La diferencia de salarios es la principal razón por la que los mexicanos quieren ir a trabajar a los Estados Unidos, aquí el mínimo es de 80 pesos por día, allá oficialmente sigue siendo 7.25 dólares la hora (más de 200 pesos la hora), este salario es obligatorio para las empresas que contratan con el gobierno federal.

Esta disparidad salarial es la causa por la que once millones de mexicanos decidieron irse a los Estados Unidos, y las remesas que estos envían supera anualmente los 24,000 millones de dólares, divisas que estarían en riesgo si se aplica drásticamente la política migratoria que pretende el presidente Trump.

La renuncia de Andrew Puzder, el candidato propuesto como Secretario del Trabajo es posible que no sea una buena noticia ya que apoyó la reforma migratoria de Obama en el 2013 y era un defensor del trabajo de los migrantes, la empresa que dirige (una cadena de 33,000 restaurantes que opera en 28 países ) probablemente emplea a miles de migrantes o bien millones de mexicanos son sus clientes, Alexander Acosta, americano de origen cubano es el primer ministro latino que nomina Trump para su gabinete y seguramente será su Secretario de Trabajo.

Apoyar a los mexicanos en riesgo de deportación es la primera gran tarea del gobierno, pero no debe ser la única, la visita de trabajo que harán a México los secretarios de Estado y del Interior de Estados Unidos es una enorme oportunidad para que el gobierno mexicano defina su posición y logre acuerdos para garantizar una política migratoria que respete la dignidad humana, reconozca los derechos adquiridos, se aplique la ley con justicia, y que a los indocumentados se les permita regularizar su situación o que las cortes sean las que decidan su futuro.

Aunque es comprensible que la casi totalidad de los mexicanos no quieran regresar a su amada patria, tanto por el salario que perciben como por el acceso a ala educación de sus hijos y por la seguridad que gozan allá, debería aprovecharse esta circunstancia adversa para incentivar la economía nacional pues el retorno de mexicanos que saben trabajar de manera organizada y eficiente permitiría  emprender nuevas actividades productivas, fortalecer los lazos familiares y la posibilidad de impulsar acciones para mejorar el entorno social.

Ojalá las deportaciones no sucedan de manera tumultuaria, pero es un hecho que esta amenaza nos obligará a modificar hábitos, costumbres y formas de vida, lo primero será discernir  y luego actuar de manera más responsable y solidaria, como premisa ser más honrados.

Ergo, ahora que está siendo atropellada la dignidad de nuestros migrantes por el enfermo mental de Trump, los mexicanos normalmente demostramos nuestro patriotismo y exaltamos el orgullo,  para lo cual es necesario romper nuestra codependencia con Estados Unidos, encontrando nuevos tratados económicos con otras naciones, pero ojo, no se trata de cantar estrofas del himno nacional.

Jugadas de la Vida

Las ceremonias matrimoniales suelen terminar con un beso. Porque en la antigua Roma el beso era un acto oficial para cerrar contratos.

Agradezco lectura y opinión a este artículo “Salarial” al correo: ldojuanmanuel@hotmail.com

Twitter: “ldojuanmanuel