Una auténtica filosofía intenta conocer el mundo de la cultura no como un mero agregado de hechos inconexos y dispersos, sino como un todo orgánico, como un sistema. El ser humano hombre o mujer viven en una sociedad de pensamiento y sentimiento cuyos elementos  y condiciones constitutivos son: El lenguaje, el mito, el arte, la religión y la sinecia, ésta última como factor de desarrollo, por lo que el ser humano no puede vivir su vida sin expresarla y esto es lo que en su vida logró, realizó y se consagró la actriz, maestra y directora de teatro, Sofía Martha Unda Zárate, la tercera de seis hermanos, nació el 30 de septiembre de 1938 en la calle de libres, La familia de Martha Unda Zárate es representativa de la clase media oaxaqueña del siglo veinte, de gran honestidad muy unida, creyente de la amistad. Ejemplar por haber sido sólida y solidaria entre si y hacia quienes tuvieron la dicha de convivir con ellos.  Los ejes: Don Jesús Unda Castellanos y Altagracia Zárate de Unda, él fué ebanista especializado en reparación y elaboración de instrumentos musicales de cuerda. Su vida transcurrió como artesano reconocido, vecino de la Merced, en un local sobre la Avenida Independencia que ocupó por más de 30 años. En ese barrio cerca del templo tuvo diversos domicilios particulares donde doña Altagracia además de ser madre cuidadosa de sus seis hijos, apoyó el culto que don Chucho tuvo por la amistad y la bohemia; la que alimentó con su gran calidad como ejecutante de guitarra, no sólo de música popular, sino clásica.  Esta afición lo hizo llegar a ser uno de los fundadores del grupo de Guitarras Oaxaqueñas que en sus dos épocas en los 50  y después en el final de los sesenta, formará y dirigiera Guillermo Rosas Solaegui,  además de presentaciones muy gustadas  en el Teatro Alcalá, grabaron discos que dan muestra de su profesionalismo y calidad como agrupación. Don Chucho también fue aficionado a la cacería, en otro tiempo en que a mediana distancia de nuestra ciudad era frecuente encontrar venados y otras especies. De esas aficiones: la música y la cacería devino la familia Unda como anfitriones ejemplares en su ranchito de Ixcotel. Donde convocaban a comidas con excelente muestra de la mejor comida oaxaqueña, del mejor mezcal, de la más grata tertulia musical. Dejaron en muchos oaxaqueños vivencias gratísimas de aquella vida provinciana…que como decía Gustavo Adolfo Bequer de las golondrinas….no volverán…no volverán.  Al concluir su primaria ingresó al Instituto, donde cursó la carrera de secretaria, al concluirla entró a laborar al Ayuntamiento que presidia Jesús Torres Márquez, Martha al mismo tiempo se inscribía en la Escuela de Bellas Artes, es ahí donde entra en contacto con la maestra Arcelia Yañiz Rosas de Gutiérrez, quien estaba poniendo en escena una obra de Héctor Mendoza “Las cosas simples”, luego siguieron “El niño del jabón” de Miguel Guardia” pipigaño y “El duende cocuruchu” de Alejandro Méndez Aquino, todas obras infantiles. Posteriormente la joven Unda participó en dos obras del autor Jorge Villaseñor “Amor indio” y “El cielo prometido” bajo la dirección de Paco Espinoza Valencia, que era prácticamente un niño (13 años). Entre su trabajo del Ayuntamiento -5 de Mayo y Murguía- Martha se movía  en un ambiente diferente al teatro es en esa época que se creó el “Grupo Cultural Oaxaqueño”, bajo la dirección del Sr. Francisco Espinoza Osornio, se pusieron en escena obras como “Pescando Novio”, de Carlos Díaz Duffo “Padre Mercader”, que fué un éxito, “Los novios de mis hijas” de Leandro Navarro, del autor Pedro Muñoz Seca se puso en la sala Juárez “El conflicto de Mercedes” y no podía faltar “El Tenorio” de José Zorrilla. Bajo la dirección de Jesús Cervantes, el grupo los comediantes ganó el premio Nacional con la puesta en escena de la obra “Sufragios” de Luz María Servín de Cervantes, fué el premio, que la impulsó en el teatro, al lugar de primera dama en escena. Al crecer física y mentalmente Martha ingresa al grupo vanguardia, cuyo director era Rodolfo Álvarez, quien recién llegado a Oaxaca, revolucionó el teatro con obras como “El enfermo de aprensión” de Moliere, “Volpone” de Ben Jonson, una buena obra que fué un éxito es “El Avaro” de Moliere, “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca,  que obtuvo un premio en el festival regional de Chiapas y posteriormente el premio Nacional en el D.F. obra puesta en escena en la hoy biblioteca “Margarita Maza”, Alcalá y Morelos, le siguieron “Te juro Juana que tengo ganas” de Emilio Carballido y “La Danza que sueña la tortuga” del mismo autor. A los 24 años entró a la Normal (1962), ubicada en el hoy Palacio Municipal, conoció a una juventud estudiosa, hombres y mujeres, con vocación educadora, quizás esa generación fué la última del apostolado, Martha Unda se entregó de lleno al estudio en el Turno Vespertino, siendo sus compañeros entre otros Roberto Pérez Gijón, Humberto Palancares, Anselmo Arellanes, etc., el director el Profesor Delfino Techachal López, entendió la magnitud de esa generación y aceptó la constitución de un grupo de teatro, con la condición de contratar a un maestro y creó la cátedra de teatro optativa, así ingresó como maestro Rodolfo Álvarez, “Las cosas simples” de Héctor Mendoza, fué la primer obra y se escenificó en el “Merendero el Tule” muy de moda en los años 60s. le siguieron “La Vuelta a la tierra” con la que participó la normal en el Festival convocado por el I.N.B.A en Tuxtla Gutiérrez, siguieron “El gato u el Ovoide”, en donde Juan se absuelve moralmente, ésta obra representó el debut de Juan Herrera como autor teatral, un capítulo aparte merece Juan, quien muy joven perdió la vida en Zipolite (1944-1970). Al fallecer Rodolfo Álvarez en 1970 el profesor Delfino invitó a Martha Unda a que cubriera la vacante, estando presente el profesor Wilfrido Sánchez Contreras, quien sucedería en la dirección del C.R.E.N.O. al profesor Techachal, en ésta etapa se desenvuelve con el carácter de directora teatral, es cuando dirige las obras: La miseria, El espejo dos, únete pueblo, el censo, taller de ciencias sociales, Vora, la fierecilla domada de William Shakespeare, Velun, cuento de Navidad, las cosas simples, etc. Condujo en su paso por la normal las obras: “La posadera”, ahí fué codirectora y fué dirigida por Enrique Pineda, era el teatro profesional para normalistas, del consejo nacional para la cultura y las artes en 1991, este trabajo le valió a la amiga Martha, ser recomendada para un proyecto teatral de una gran institución como lo es el Tecnológico de Oaxaca. Largo el currículum de Martha, completo diría yo en él hay no solo el teatro en Oaxaca, es el teatro del mundo, en los escenarios brilló con humildad que es grandeza interior, su vida fué libre y por ello valiosa, practicó la libertad de las pasiones y su pasión fué el teatro; donde hizo uso de: El oro de la lengua castellana, la mirra de las costumbres heredadas, así como el incienso que le quemaron en sus triunfos y  en el escenario, a Martha siempre se le reconoció y admiró su herencia,  un inestimable legado de cultura y saber indígena, que le ayudó a desarrollar su proyecto de teatro estudiantil. Hoy yo me pregunto ¡Porqué las escuelas, las universidades y las casas de cultura no continúan, su obra, para que sepan amar los alumnos, su país, su estado, su escuela, su familia, para que siempre a través del teatro, quieran y no  deploren la deshumanización de una sociedad, cada día más decadente, que dejó de “Educar para el cambio”, la muerte de Martha Unda, se dió hace exactamente un año, fue a las 7.00 horas  del día 25 de febrero del 2016, en esta ciudad que la vió crecer como artista y la vió morir como actriz.

Oaxaca, Oax., a 19 de febrero  de 2017.
Jorge Alberto Bueno Sánchez
Cronista de la Ciudad de Oaxaca.
Miembro de la S.M.G.E.
Miembro del S.C.M.