Si la elección en el estado de origen del presidente Enrique Peña Nieto fuera hoy, nadie duda que el PRI estaría en problemas para retener y que el PAN sería el fusible para buscar impedir la sorpresa de que –en la antesala del 2018– Morena ganara su primer estado

 

Jose-fina y Del-fina. Del-fina y Jose-fina. Esas son las apuestas políticas que puntean en el proceso que disputará la gubernatura del Estado de México.

Si la elección en el estado de origen del presidente Enrique Peña Nieto fuera hoy, nadie duda que el PRI estaría en problemas para retener y que el PAN sería el fusible para buscar impedir la sorpresa de que –en la antesala del 2018– Morena ganara su primer estado.

Por la razón que sea, el PRI no acaba de consolidar la candidatura de Alfredo del Mazo Jr. Las disputas entre grupos tricolores lo impiden y la operación cicatriz no acaba de sanar esas heridas.

El gobernador Eruviel Ávila –apuntado para el 2018– siempre apostó su capital a José Manzur y a Ana Lilia Herrera. Solo con ellos se comprometía a garantizar que su partido conservara la única gran plaza que le queda al PRI.

El expresidente Carlos Salinas buscó impulsar a Navarrete Prida, quien fuera junto con Manuel Cadena el guardia custodio de Raúl Salinas en los tiempos de Almoloya.

Y los priistas que buscaban romper el frente Atlacomulco –que integran Peña Nieto-Del Mazo-Monroy-Nemer– enviaron al operador tricolor Isidro Pastor “por la libre”, en un intento por fragmentar el voto del descontento.

Pero tras el destape de Alfredo del Mazo Jr. las alertas se encendieron. Y en una operación desde Los Pinos se buscó neutralizar el avance de Morena.

Desde hacía meses, Josefina Vázquez Mota se había descartado, lo mismo que se había descarrilado la alianza PAN-PRD, en un afán por fortalecer a quien fuera el candidato del PRI.

Después de todo el pacto en las cúpulas ya estaba hecho para que el PAN se adueñara de Coahuila, a cambio de no estorbar en el Edomex.

Sin la Ciudad de México, sin Guadalajara, con Monterrey, pero sin Nuevo León, y arrebatados Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo, Chihuahua y Durango, el PRI solo tiene la Tesorería atlacomulqueña para respirar.

Pero frente al destape de Del Mazo Jr. y los bonos al alza de la candidata morenista Delfina Gómez, la urgencia de habilitar un plan B se consolidó en Josefina Vázquez Mota.

Para el sistema, como un todo, es preferible cederle al PAN el Edomex, que aceptar que Morena se lo adueñe, sobre todo cuando se prevé que Morena le arrebatará al PRD la Ciudad de México.

Por eso, el eje de la confrontación mexiquense se da hoy entre Josefina y Delfina. Porque está dispuesto como un desencuentro de género, en la búsqueda por rescatar la candidatura de Del Mazo Jr.

Es cierto que el PRI todavía puede presumir que tiene el control sobre el Edomex. Pero con el trío Ávila-Manzur-Herrera herido, un Isidro Pastor jugando “por la libre” y Carlos Iriarte y Ricardo Aguilar también dolidos, todo puede suceder.

Por lo pronto, hay que estar pendientes de por dónde puede darse el relanzamiento de un candidato priista que, por lo menos, no se le ve más que sus rivales, Josefina y Delfina. Delfina y Josefina.