El trabajo es una bendición divina, decimos todos los que lo padecemos. Pero la verdad es que después de tantos años de presenciar cómo se esfuma la economía antigua dependiente de las industrias básicas

 

Comprendo el hartazgo de todos, incluyendo el mío, para seguir hablando de Donald Trump.

¿Pero, qué le vamos a hacer? Ni modo, es el Presidente de los Estados Unidos de América, el hombre más poderoso de la Tierra, que tiene al alcance de sus dedos poner en marcha y detonar el Armagedón universal.

Aunque vestir el cargo es una cosa y creérselo es otra.

Y es que, Trump sigue ignorando que su país también lo construyeron los inmigrantes. Propone que América vuelva a ser grande otra vez, pero no piensa ni siquiera de manera retórica que una cosa es tener albañiles, casi todos inmigrantes e ilegales, para construir sus edificios, y otra es que todos aquellos blanquitos que le votaron y que viven en Pensilvania, Michigan, Wisconsin o en Detroit estén dispuestos a volver a trabajar y a ensuciarse las manos.

El trabajo es una bendición divina, decimos todos los que lo padecemos. Pero la verdad es que después de tantos años de presenciar cómo se esfuma la economía antigua dependiente de las industrias básicas, pretender que Estados Unidos ponga a trabajar a sus blancos en la construcción de túneles, autopistas, caminos, puertos y todo aquello que lo modernice, es una gran ingenuidad.

Y no estoy diciendo que los estadounidenses no quieran trabajar, sino que es muy probable que no quieran hacer lo mismo que hacían nuestros paisanos.

Pero en otro sentido, su discurso se puede comparar al de su homólogo en Corea del Norte, poniendo de manifiesto un nacionalismo recalcitrante, un incremento del presupuesto militar, la búsqueda para ser los líderes de la manada y la necesidad de volver a ganar todas las guerras.

Además de eso y de contar con la idea de su principal consejero político Steve Bannon, de acabar con todo y destruirlo todo para que haya un nuevo amanecer; en su primera intervención en el Congreso el presidente Trump no sólo reafirmó sus fobias y sus filias, sino que nos permitió saber que estamos frente a alguien que está haciendo una apuesta mortal.

Porque si él gana la partida y vence a The New York Times, al Washington Post y al resto de los periódicos, entonces para el mundo no habrá esperanza de que pueda llegar una recuperación.

Pero como decía Goebbels, “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Y ahora América y el mundo de Trump han inventado los hechos alternos o la otra interpretación de la realidad, pero no hay que engañarse, porque su batalla es extrema y busca que todos aquellos que mediante el voto lo llevaron a la Casa Blanca, más los que lo ayudaron y lo manipulan puedan destruir el sistema desde adentro.