Porque a lo largo de la historia no ha habido un imperio que haya recurrido más veces a la violencia con los peores resultados que los Estados Unidos de América

Desde 1953 Estados Unidos no ha sido capaz de ganar una guerra. Y es que, la Guerra de Corea fue una extraña situación donde al final del día la partida de ajedrez quedó tablas, manteniendo la división del paralelo 38.

Pero entre ese momento y 1973, en la Guerra de Vietnam, EE.UU. perdió casi el 10% de su PIB, perdió la virginidad de ser los que mantenían durante el siglo XX las buenas causas, perdió más de 58 mil soldados, pero sobre todo perdió el motivo por el cual combatía.

Después los estadounidenses se involucraron en otras guerras, varias de ellas provocadas por el 9/11, sin embargo, no han ganado ninguna salvo la invasión a Panamá y la intervención en la isla de Granada.

Y entre todo eso hay algo que no debemos ignorar y eso es el costo de la guerra, el costo económico, el costo en vidas e ilusiones, el costo en credibilidad y en teorías militares, que ha sido tan alto.

Porque a lo largo de la historia no ha habido un imperio que haya recurrido más veces a la violencia con los peores resultados que los Estados Unidos de América.

Ahora en esta reinvención del país, Trump ofrece 54 mil millones de dólares más para el presupuesto militar, lo cual intenta calmar uno de los focos rojos más peligrosos de su mandato, que es su relación con los militares. Pero al mismo tiempo esa inversión significa la ruptura del status quo, incluyendo los modelos que más admira, como es el caso del presidente de Rusia, Vladimir Putin.

En este nuevo juego internacional, Trump promete obras y trabajo, pero él sabe que su votante de la zona blanca, que lo ha convertido en Presidente, no está dispuesto a volver a trabajar en un mundo que dejó de existir desde los años 90 tras el triunfo del Internet.

Por lo tanto, si quieren construir puentes, tendrán que emplear inmigrantes. Si quieren túneles, tendrán que emplear inmigrantes. Y si quieren industria pesada, tendrán que emplear inmigrantes.

Pero si no lo hacen y no recuperan las industrias básicas, tendrán que ponerse de acuerdo con el país que hoy monopoliza las grandes infraestructuras y además crea bancos para financiarles, llamado China.

Se ofrece un nuevo amanecer pero el precio excede por mucho los 54 mil millones de dólares, ya que el costo real radica en originar un mundo nuevo sobre la base de que los votantes que llevaron a Trump al poder estarán dispuestos a reinventar empresas que crearán productos que nadie quiere.

Y una vez que el Presidente del imperio del norte tranquilice al Pentágono, una vez que modernice los juguetes y que le dé más poder al Ejército, surgirá una pregunta fundamental, porque con esas armas y con ese poder, ¿contra quién se usará toda esa fuerza militar?