Tantas definiciones acumuladas durante los cursos de un área de conocimiento dedicado al análisis, la comprensión y la explicación de los fenómenos y el comportamiento humano en su afán de Poder. Esta, Poder, es la categoría que engloba, en una sola, todo el ancho y largo mundo de la Política como actividad o práctica de aquella. Ahora bien, esa categoría debe estar sujeta a una mayor que en cuestiones de lógica sería el género: Lo Político. Este último rebasa en sí mismo el concepto de Política como especie y de Poder como sustantivo de aquella.

El problema principal radica en qué entender por Poder. Para quienes viven de la política implica capacidad de dominio, obediencia o autoridad. Quienes viven para la política seguramente que es un verbo que implica justamente gobierno, diálogo, servicio, es decir no es más la capacidad de hacerse obedecer como concluye la mayoría de sociólogos y politólogos apegados a los cánones de lo que ellos mismos llaman ciencia, sino la posibilidad de demostrar la capacidad de gobernar. Y mientras los primeros entenderán gobierno como la demostración autoritaria del ejercicio de aquél, el poder, y quizá hasta del aprovechamiento de los recursos públicos para el bienestar personal; para los segundos, en cambio, será siempre “la recta conducción de los asuntos del orden público, de lo político” en consecuencia el bien debe ser general, dirigido al pueblo no al individuo como en el primer caso.

La ciencia, ese reducto de aprendizajes escolarizados y sistematizados, cuando se trata del estudio de la sociedad, o de un campo específico de ella, como en este caso la política, es, en el mejor de los casos una descripción analítica de sus causas y posibles consecuencias. Sin embargo, en los últimos años, se ha redundado tanto que se ha convertido en hiper descriptiva y en consecuencia poco o nada aporta a su propio desarrollo como disciplina comprehensiva y explicativa de la realidad social. Resulta pues, que estamos ante una ciencia utilitarista que se ha convertido en reproductora del hacer político, en repetidora de conductas públicas y en enorme archivo de datos y procesos que se vuelven historia cíclica. Guardando los límites que la separan de la filosofía, debe ser mayormente comprometida en la transformación de la realidad social y política cuando ésta se aleja del fin último de toda disciplina, ciencia o estudio, arte o cultura en general: mejorar las condiciones humanas.
Si la ciencia es conocimiento, su negación es no ciencia. Si mediante el aprendizaje, el estudio y crítica es posible comprender y explicar el mundo que nos rodea; mediante la Nesciencia, es decir, su negación o la obstrucción de toda posibilidad de llegar al conocimiento, nos alejamos de la verdad, de la claridad de las ideas y, por lo tanto, de la posibilidad de acceder a la puerta del saber, que es la condición deseada para el ser humano, pues donde la sabiduría se propaga la sociedad alcanza su satisfacción sin la necesidad de la suntuosidad; sin embargo, parece alejarnos cada vez más de ese ideal y vamos en sentido opuesto, a gran velocidad nos aproximamos a la barbarie, justo el extremo contrario.
En política, estamos lejos de la sabiduría, lejos también de la filosofía, un tanto cercanos de la ciencia pero distanciándonos cada vez más, estamos nadando en la nesciencia, en la ignorancia, negando toda posibilidad de aprender y de no repetir errores, ya rebasamos inversamente el viejo método del ensayo y error; vamos de error tras error. Las generaciones que siguen vienen recogiendo basura, pisando mierda, pidiendo oportunidades y cuando las tienen, una vez con tantito poder, se empeñan en ejercerlo como viejos, exactamente igual. Hay una esperanza en el ejercicio del poder por parte de las mujeres, son menos las que reproducen ese esquema aunque no la libran del todo, pues también las hay  que cuando llegan a un cargo público hacen lo mismo que los hombres, imitan lo que tanto denuestan o critican según sea el caso.
Las repercusiones de ese actuar conforme a la barbaridad ignorante y de ese analizar y explicar conforme a la nesciencia –“así es la política” Vgr.,- está conduciendo a la fatal desolación y al suicidio de todos los ideales sociales del ser humano. Uno de ellos, por ejemplo, la democracia, práctica desvirtuada y reducida a su mínima expresión procedimental electoral; palabra o signo ya insignificante (valga) y en extinción por carecer de sentido para la ola dominante, detentadora y cuasi propietaria del poder en su expresión más bárbara.
Sin ideales, toda sociedad está condenada a repetir a perpetuidad una historia infame y hasta apresurar su envilecimiento al grado de una cruenta vuelta a la esclavitud y, por ende, una nueva guerra por la liberación, como si volviéramos a comenzar. ¿Acaso no hacia allá vamos con tantas leyes antisociales y tantas derogaciones y abrogaciones de los derechos conseguidos en tantas revoluciones que costaron vidas? ¿Para qué conmemorar, por ejemplo, una Constitución Política pisoteada, mancillada y prácticamente inexisten ya?
Bien, nos leemos la próxima semana. Mientras tanto, que haya paz, si ésta aún es posible en tiempos en que la mayor aspiración del mexicano es, desde hace al menos tres o cuatro décadas, la seguridad en todos sus aspectos, eso es lo que más anhelamos hoy día. La felicidad hace mucho es un lujo mensurable en millones de pesos en manos de unos cuantos. Menciones, mentadas y comentarios por Twitter: @JTPETO–  nigromancias@gmail.com