Para México, el año previo a elecciones presidenciales en el siglo XX, siempre había significado sondear a los actores políticos y económicos (ejército, sindicatos, organizaciones campesinas, gobernadores y en algunos casos a la iglesia) en torno a quien podría ser el mejor relevo al frente del Ejecutivo, teniendo en la figura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la institución guía y rectora de tal proceso.

Esa acción significaba llegar al año de la elección fortalecido como grupo y partido político, lo cual resultaba cómodo para el candidato elegido, ya que el desgaste al que se enfrentaba durante el proceso electoral era mínimo, sumado a que el capital político con el que iniciaba su mandato le bastaba para hacer frente a problemas nacionales que enfrentaba en el día a día.

Muy probablemente esa tradición del PRI se rompió en el año 1993 y 1994, ya que el entorno social, político, económico y de seguridad interna, llevó a que el candidato a la presidencia de México por parte del PRI fuera otro al planteado originalmente.

En 1995 el caos al interior del PRI, sumado a un mal manejo económico, combinado con el poco capital político que tenía Ernesto Zedillo, llevó a que el país tuviera una crisis económica desastrosa.
Ernesto Zedillo como candidato del PRI resultó fuertemente cuestionado no solo por los miembros de su partido, sino por buena parte de la población en general, quien sospechaba de él en todos los sentidos, al ser el principal beneficiario de la muerte de Luis Donaldo Colosio.

El resultado final fue una victoria del PRI, motivada por el temor de la población a que el caos vivido en México fuera mayor en caso de triunfo de un candidato de otro partido. Al final, ese caos social continuó y en la parte económica los problemas se agravaron.

El año de 1993 y 1994 también significó el fortalecimiento de los cárteles de la droga en México, a la par que la Procuraduría General de la República (PGR) era incapaz por omisión o comisión de enfrentarlos; ese mismo par de años el país comenzó a mostrar debilidad institucional, en parte por no haber sondeado de forma adecuada a quien sería el sucesor de Carlos Salinas de Gortari, lo cual derivó en pugnas internas al enfrentar a una secretaría de Estado contra otra.

El año de 2017 muestra similitudes con 1993 y 1994, ya que el PRI no parece mostrar unidad a su interior, lo que sin lugar a dudas significaría el tomar una mala decisión o enfrentar a grupos al interior del partido o entre secretarías al momento de decidir quién será el abanderado de ese partido a la presidencia en 2018.

El ejército continúa molesto por el abandono en el que se encuentra al enfrentar al narcotráfico, el cual en muchas ocasiones es tolerado por gobernadores príistas y de los demás partidos; la iglesia cuestiona los matrimonios del mismo sexo, a la par que integrantes del PRI comparten públicamente esa postura y otros se alejan de esa posición, lo cual es ejemplo de conflicto interno en el Revolucionario Institucional.

En 1995 el caos al interior del PRI, sumado a un mal manejo económico, combinado con el poco capital político que tenía Ernesto Zedillo, llevó a que el país tuviera una crisis económica desastrosa, lo cual le costó a la nación prácticamente todo el sexenio para salir de ella.

Hoy ese entorno de 1993 y 1994 parece replicarse otra vez, ya que secretarías de Estado están enfrentadas entre sí por la toma de decisiones de cómo hacer frente a Estados Unidos; el ejército aunque leal al Estado, mantiene diferencias con varios personajes príistas por el mal manejo de seguridad interna; el factor económico no es el mejor aunado a los altos índices de corrupción.

El escenario fatalista parece replicarse en la actualidad, pero con la desventaja que en la Casa Blanca no está Bill Clinton pendiente y otorgando líneas de crédito que en buena medida, ayudaron a México a sortear la crisis en tan solo un sexenio.

The Huffington Post México / Edmar Ariel Lezama, Economista, profesor universitario