Los habitantes de Nuevo Zooquiapam, Ixtlán, han vivido tiempos difíciles en cuanto a asentamiento humano se refiere, los cuales los ha mantenido unidos y luchando siempre por el bienestar de todos. Llevan 47 años viviendo en la zona conocida como La Loma, que tiene un trazo adecuado de  calles, de acuerdo con un proyecto  de desarrollo urbano que fueron afinando sobre la marcha ante la urgencia de reubicación que tenían.
Muchas personas recordarán las lluvias intensas  que tuvimos en el valle y la ciudad de Oaxaca de Juárez durante el mes de agosto y parte de septiembre de 1969, año en que las aguas del río Atoyac  rebasaron su cauce, a tal grado que nos dejó un puente Centenario convertido en una especie de montaña rusa, que requirió de una reconstrucción posterior.
Muchas poblaciones resultaron afectadas entonces, entre ellas Santiago Zooquiapam, cuyo camino de acceso quedó inaccesible por los derrumbes y surgió la preocupación por parte de las autoridades municipales y vecinos para encontrar soluciones inmediatas y efectivas ante el problema que tenían encima.
Las autoridades locales convocaron a asambleas del pueblo para analizar y acordar acciones, siendo uno de los puntos a tratar la apertura de los caminos, la cual se hizo semanas después, pero lo más importante y urgente fue escuchar a la gente y juntos emprender tareas que no podían esperar.
El ahora profesor jubilado Isaac Pablo Hernández Pérez,  presidente municipal en 1969, señala en su Ensayo Monográfico de Nuevo Zooquiapam, Ixtlán, Oaxaca, que “después de haber hecho un amplio análisis de la situación, se sometió a la consideración de la asamblea la propuesta de cambio de lugar del pueblo y las implicaciones que esta decisión conllevaría”, los habitantes optaron por iniciar los trámites para mudarse a La Loma.
Los hermanos Miguel y Raymundo León Avendaño, así como otras personas, ya habían propuesto antes la conveniencia de trasladarse a otro lugar, debido a los problemas que se presentaban en cada temporada de lluvias, a lo accidentado del terreno en que vivían y el difícil acceso, pero además se empezaron a cuartear las casas particulares  y el templo católico sufrió daños de consideración que no garantizaban ninguna seguridad para la gente, así que había razones suficientes para buscar otras opciones.
Los habitantes guardan un recuerdo muy grato del dirigente campesino Rodolfo Alavés Flores por haberles brindado su apoyo; a la Comisión del Papaloapan a cargo del ingeniero Jorge L. Tamayo por haber comisionado al ingeniero Octavio Calderón a que atendiera la introducción del agua y fue éste precisamente quien hizo el trazo de las calles para ubicar las tomas de agua.
No obstante, hubo alguien que se burló del pueblo: un empleado de la Comisión Agraria Mixta, quien además de haber cobrado viáticos en el gobierno, pidió todavía al pueblo  que le dieran habitación, comida y que lo transportaran de ida y vuelta a la ciudad.  Cuando se necesitaron los datos técnicos de medición hechos por él, jamás los entregó y los lugareños no supieron si fue  castigado o no por el gobierno.
Hoy, la población ha progresado notablemente: tiene los servicios municipales elementales, planteles educativos, centro de salud y sus calles lucen bien alineadas. La pavimentación de la carretera ya pasó por san Pedro Nexicho y está cerca de san Isidro. Faltan ocho kilómetros para llegar a Nuevo Zooquiapam, de cuyas montañas nos llega parte del agua que consumimos en la ciudad de Oaxaca, vía san Agustín Etla.
El edil en turno, Francisco Hernández Cuevas y el presidente del comisariado de bienes comunales, Alberto Hernández Hernández, encabezaron el festejo por el  47 aniversario el pasado 24 de febrero  y los habitantes recordaron a sus gestores, vivos y fallecidos.  “Bonito pueblo de Zooquiapam/ De la Sierra Juárez eres/Posas sobre bonitas lomas/ Con sus flores multicolores”, le escribió el profesor  Pablo Isaac.