No se hagan bolas. La falsa unidad desplegada mediáticamente por el gabinete de Enrique Peña Nieto exhibe más la confrontación y ahonda sus diferencias

No se hagan bolas. La falsa unidad desplegada mediáticamente por el gabinete de Enrique Peña Nieto exhibe más la confrontación y ahonda sus diferencias.

Los protagonistas de esta historia de intrigas, desencuentros y hasta traiciones, se ubican en los cuatro personajes más poderosos del actual gobierno: Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong, el general Salvador Cienfuegos y el almirante Vidal Francisco Soberón.

Sobre el canciller, el secretario de Gobernación, el secretario de la Defensa y el de la Marina recaen la mayoría de las historias que hablan de un gabinete dividido, una situación que preocupa al inquilino de Los Pinos de cara al 2018.

El planteamiento es muy simple: si entre los mismos no pueden hacer un frente para defender el gobierno que representan, cómo esperan pavimentarle su espinosa salida al Presidente y comandante en jefe. Analicemos.

VIDEGARAY.- Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, es el hombre todopoderoso del gobierno peñista. Un vicepresidente en funciones.

Su descalabro en la acelerada visita del candidato Donald Trump sólo acabó por encumbrarlo y empoderarlo todavía más. Con la diferencia de que el Videgaray canciller viene más humilde, más conciliador, en plan de “aprendiz”. Una diferencia grande frente a lo que se presumía un arrogante e inexpurgable secretario de Hacienda.

Frente a un Presidente atribulado por su bajísima aceptación, Videgaray está convertido en la estabilidad emocional de un gobierno que negocia desesperadamente por sobrevivir al maremoto político y económico llamado Donald Trump.

OSORIO CHONG.- Es el segundo de a bordo desplazado. El que a pesar de ser el puntero del PRI en las encuestas para 2018, no acaba de cuajar entre los priistas porque no es de los suyos, no lo sienten confiable.  Peña Nieto lo sabe. Tiene en sus manos las evidencias que lo califican para una pérdida absoluta de la confianza sobre quien debería ser su más poderoso subalterno. Pero la desconfianza no se limita al territorio nacional, donde a Osorio Chong se le teme por la posición, pero no se le tiene el suficiente respeto que su posición merece. En los EU Osorio Chong está marcado. Por eso el trato díscolo que las autoridades norteamericanas le dan. Por eso no es eje central en las estratégicas negociaciones entre ambos gobiernos. No es casual su exclusión de la primera visita de los ministros mexicanos a la Casa Blanca en donde, al menos de protocolo, Osorio Chong debía figurar en el sitio que ocupó Francisco Guzmán, el jefe de la oficina de la Presidencia.

Si algo tienen los norteamericanos, es que son institucionales. Si a alguien excluyen de sus agendas, es porque no les merece ni su respeto ni su confianza.

Quizás porque en el fondo conocen en dónde están los intereses reales del secretario de Gobernación y al final del día lo prefieren fuera de la fotografía.

Mañana: Cienfuegos y Soberón.