El hecho es que desde que salió del SAT, poco se sabe de Aristóteles y sobre los motivos que llevaron al presidente Enrique Peña Nieto a prescindir de los servicios de un funcionario tan apreciado

Aristóteles Núñez fue hasta septiembre del 2016 el jefe del SAT. Una posición en extremo sensible y con la posibilidad de ejercer poder a plenitud.

Pero el funcionario, quien goza de la mejor reputación y credenciales como administrador, siempre operó con bajo perfil, atendiendo a los contribuyentes como lo que son: sus clientes y no sus súbditos.

Su salida se operó oficialmente en el marco del relevo de Videgaray y la consecuente entrada de  Meade. A no pocos extrañó el relevo de Núñez, quien además de su bien ganada fama y profesionalismo, tenía la mejor relación con el nuevo secretario de Hacienda, al que públicamente declara que admira, respeta y quiere como a un hermano.

El hecho es que desde que salió del SAT, poco se sabe de Aristóteles y sobre los motivos que llevaron al presidente Enrique Peña Nieto a prescindir de los servicios de un funcionario tan apreciado.

Acaso asomó rostro en una entrevista de diciembre pasado para la revista Nexos, en la que hablaba de la corrupción y estimaba que en México alcanzaría cifras cercanas al 10 por ciento del PIB, algo así como 1.9 billones de pesos. De la misma manera algunas colaboraciones periodísticas en Excélsior. Y hasta ahí.

Pero si queremos entender el ánimo postsalida del SAT de Núñez, basta con asomarse a su cuenta de Facebook.

El 25 de febrero, por ejemplo, publicó “Seguimos siendo los mismos, nos negamos a cambiar, a cambiarnos y a cambiarlos”. Ese mismo día Nuñez insistió: “Si la sociedad está cambiando, la forma de gobierno también debe cambiar”. Y sumó otro comentario: “Sin espacio a la autocrítica, a la humildad de reconocer errores propios y aciertos ajenos, vives en el sistema rancio, en el error”.

El pasado 2 de marzo evocó a Churchill, para decir que “el problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles, sino importantes”.  Para rematar, el 3 de marzo con otro comentario: “Asumir un cargo público es sinónimo de ser depositario de la confianza ciudadana, no cumplir es traicionarla”.

Y en temas más mundanos, pero que involucran al gobierno, una de sus últimas aportaciones en su Facebook fue sobre el caso de la huelga de árbitros, cuestionando al gobierno por no intervenir en un asunto de tanto interés público.

“El que no haya futbol o cualquier otra actividad deportiva, recreativa, entretenimiento o actividad social disminuye la ocupación y genera tiempo ocioso.

“De ahí que los responsables de la gobernabilidad deben entender lo que está sucediendo y lo que puede estar generando”.

Por eso tras asomarnos a sus redes, no podemos más que recordar que uno de los últimos desencuentros de Núñez al frente del SAT involucró jaloneos con sus jefes.

Fue una muy cuestionada compra de equipos de cómputo, que acabó por favorecer no al más competitivo en precio y servicio, sino a un recomendado.

¿Serán esos mensajes de Aristóteles un grito digital de alerta sobre lo que continúa pasando en el SAT? Ahí se las dejamos.